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Febrero 22, 1924
Dios gozó las alegrías de la Creación hasta que el hombre pecó; luego
las gozó cuando vino a la luz la Virgen Santísima; después cuando
vino el Verbo a la tierra, y las gozará cuando las
almas vivan en el Querer Divino.
(1) Estaba pensando en lo que está dicho antes y decía para mí: “¿Será posible que el Señor
bendito después de tantos siglos no haya gozado de las puras alegrías de la Creación, y que
espera el vivir en el Divino Querer para recibir estas alegrías, esta gloria y la finalidad para la
cual todo fue creado?” Mientras pensaba esto y otras cosas, mi dulce Jesús se ha hecho ver
en mi interior, y con una luz que me enviaba a la inteligencia me ha dicho:
(2) “Hija mía, las puras alegrías de la Creación, mis inocentes entretenimientos con la criatura
los he gozado pero a intervalos, no perennemente, y las cosas cuando no son estables y
continuas acrecientan mayormente el dolor y hacen desear más el gozárselas de nuevo, y se
haría cualquier sacrificio para hacerlas permanentes. En primer lugar gocé las puras alegrías
de la Creación cuando después de crear todo, creé al hombre, hasta que él pecó. Entre él y
Nosotros había sumo acuerdo, alegrías comunes, inocentes entretenimientos; nuestros brazos
estaban siempre abiertos para abrazarlo, para darle nuevas alegrías, nuevas gracias, y con el
dar Nosotros nos divertíamos tanto, de formar para Nosotros y para él una fiesta continua; para
Nosotros el dar es gozar, es felicidad, es diversión; en cuanto pecó y rompió su voluntad con la
nuestra todo terminó, porque no estando más en él la plenitud de nuestra Voluntad, faltaba la
corriente para poder dar y poder continuar la vida de felicidad de ambas partes; mucho más,
pues faltando en él nuestra Voluntad, le faltaba la capacidad y la salvaguardia para poder
custodiar nuestros dones.
(3) En segundo lugar gozamos las puras alegrías de la Creación cuando después de tantos
siglos vino a la luz del día la Virgen Inmaculada. Habiendo sido Ella preservada aun de la sombra
de la culpa y poseyendo toda la plenitud de nuestra Voluntad, no habiendo habido entre Ella y
Nosotros ni la sombra de ruptura entre la voluntad suya y la nuestra, nos fueron restituidas las
alegrías y nuestros inocentes entretenimientos, nos trajo como en su regazo todas las fiestas de
la Creación, y Nosotros le dimos tanto y nos divertíamos tanto en darle, de enriquecerla a cada
instante de nuevas gracias, nuevos contentos, nueva belleza, de no poder contenerlos más.
Pero la Emperatriz criatura no duró largamente en la tierra, pasó al Cielo y no encontramos
ninguna otra criatura en el bajo mundo que perpetuara nuestros entretenimientos y nos trajera
las alegrías de la Creación.
(4) En tercer lugar gozamos de las alegrías de la Creación cuando Yo, Verbo Eterno, descendí
del Cielo y tomé mi Humanidad. ¡Ah! mi amada Mamá con poseer la plenitud de mi Voluntad
había abierto las corrientes entre el Cielo y la tierra, había puesto todo en fiesta, Cielo y tierra, y
la Divinidad estando en fiesta por amor de tan Santa Criatura me hizo concebir en su virginal
seno, dándole la fecundidad divina para hacerme cumplir la gran obra de la Redención. Si no
hubiera estado esta Virgen excelsa que tomase el primado en mi Voluntad y que habría hecho
vida perfecta en mi Querer, viviendo en Él como si no tuviese voluntad propia, y que con hacer
esto puso en corriente las alegrías de la Creación y nuestras fiestas, jamás el Verbo Eterno
habría venido a la tierra para cumplir la Redención del género humano. ¿Ves entonces cómo la
cosa más grande, más importante, que más satisface, que más atrae a Dios, es el vivir en mi
Querer, y quien vive en Él vence a Dios y hace dar de Dios dones tan grandes, de dejar
estupefactos Cielo y tierra, y que por siglos y siglos no se habían podido obtener. ¡Oh! cómo mi
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