Humanidad estando en la tierra y conteniendo la misma Vida del Querer Supremo, más bien que
era inseparable de Mí, llevaba en modo completo a la Divinidad todas las alegrías, la gloria y la
correspondencia del amor de toda la Creación; y la Divinidad fue tan feliz que me dio el primado
sobre todo, el derecho de juzgar a todas las gentes. ¡Oh, que bien obtuvieron las criaturas
sabiendo que un Hermano suyo, que tanto las amaba y tanto había sufrido para ponerlas a
salvo, debía ser su Juez! La Divinidad, al ver en Mí encerrada toda la finalidad de la Creación,
como si se despojase de todo me concedió todos los derechos sobre todas las criaturas. Pero
mi Humanidad pasó al Cielo y no quedó en la tierra quien perpetuase el vivir del todo en el
Querer Divino, y por lo tanto, elevándose sobre todo y todos en nuestra Voluntad, nos trajera las
puras alegrías, y nos hiciera continuar nuestros inocentes entretenimientos con una criatura
terrestre, así que nuestras alegrías fueron interrumpidas y nuestros juegos despedazados en la
faz de la tierra”.
(5) Entonces yo al oír esto he dicho: “Jesús mío, ¿cómo puede ser esto que Tú dices? Es
verdad que nuestra Mamá pasó al Cielo, y tu Humanidad también, ¿pero no os llevasteis con
Vosotros las alegrías, en modo de poder continuar vuestros entretenimientos inocentes en el
Cielo con vuestro Padre Celestial?”
(6) Y Jesús: “Las alegrías del Cielo son nuestras y ninguno nos las puede quitar ni disminuir,
en cambio las que nos vienen de la tierra estamos en acto de adquirirlas, y el juego viene
formado precisamente en el acto de las nuevas adquisiciones; entre la adquisición de la victoria
o la pérdida, vienen a formarse las alegrías de la adquisición, o si queda derrotada vienen
formados los dolores de la derrota.
(7) Ahora vengamos a Nosotros hija mía; cuando Yo vine a la tierra el hombre estaba tan
entregado al mal y tan lleno de voluntad humana, que el vivir en mi Querer no encontraba lugar,
y Yo en mi Redención le impetré primero la gracia de la resignación a mi Voluntad, porque en el
modo como se encontraba era incapaz de recibir el don más grande del vivir en mi Querer, y
luego le impetré la gracia más grande, como corona y cumplimiento de todas las gracias, el vivir
en mi Querer, a fin de que nuestras puras alegrías de la Creación y nuestros entretenimientos
inocentes, tomaran de nuevo su curso en la faz de la tierra. Mira, han pasado cerca de veinte
siglos desde que las verdaderas, las plenas alegrías de la Creación han estado interrumpidas
porque no encontramos capacidad suficiente, despojamiento total de voluntad humana en donde
poder confiar las propiedades de nuestro Querer. Ahora, para hacerlo, debíamos elegir a una
criatura que más se acercara y se hermanara con las humanas generaciones, pues si pusiera
como ejemplo a mi Mamá, se habrían sentido muy distantes de Ella y habrían dicho: ‘¿Cómo
no debía vivir en el Querer Divino si fue la exenta de toda mancha, aun de origen?’ Por tanto
habrían levantado los hombros y no se habrían dado ni un pensamiento, y si ponía como ejemplo
mi Humanidad se habrían espantado más aún y habrían dicho: ‘Era Dios y Hombre, y siendo la
Voluntad Divina su vida propia, no es de asombrarse su vivir en el Querer Supremo’. Entonces,
para hacer que en mi Iglesia pudiera tener vida este vivir en mi Voluntad, debía Yo hacer un
escalón, descender más a lo bajo, elegir de en medio de ellos a una criatura, a la cual dotándola
de las gracias suficientes y haciéndome camino en su alma, debía vaciarla de todo, haciéndole
comprender el gran mal de la voluntad humana, de manera que la aborreciera tanto de preferir
la muerte antes que hacer su voluntad, y luego, haciéndole don de mi Voluntad Divina, y
poniéndome en actitud de maestro le he hecho comprender toda la belleza, la potencia, los
efectos, el valor, el modo como debía vivir en mi Voluntad Eterna. Para hacer que pudiera vivir
en Ella, he establecido en ella la ley de mi Voluntad, he hecho como en una segunda Redención,
donde establecí el evangelio, los Sacramentos, las enseñanzas, como vida principal para poder
continuar la Redención; si nada hubiera dejado, ¿de dónde se debían afianzar? ¿Qué hacer?
Así he hecho del vivir en mi Querer, ¿cuántas enseñanzas no te he dado? ¿Cuántas veces no
te he conducido de la mano en los eternos vuelos de mi Querer, y sobrevolando tú sobre todo
lo creado has llevado a los pies de la Divinidad las puras alegrías de la Creación y nos hemos