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Febrero 20, 1924
Si otras almas antes que Luisa hubieran vivido en la Divina Voluntad,
Jesús habría hecho uso de su Potencia para hacer traslucir fuera el
modo sublime del vivir en su Querer. Vivir en el Divino Querer
significa un intercambio continuo de voluntad humana y Divina.
(1) De todo lo que mi dulce Jesús me ha dicho sobre su Santísimo Querer, estaba pensando
entre mí: “¿Puede ser acaso posible que no haya habido antes un alma que haya vivido en el
Divino Querer, y que yo sea la primera? Quién sabe cuántas otras ha habido antes que yo y en
modo más perfecto y más activo que yo”. Y mientras esto decía, mi siempre amable Jesús se
ha movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué no quieres reconocer el don, la gracia, tu misión de haber sido llamada
en modo todo especial y nuevo a vivir en mi Querer? Si hubiera habido otras almas en mi Iglesia
antes que tú, siendo el vivir en mi Querer la cosa más importante, la que más me interesa y que
tanto me apremia, ya estarían los trazos, las normas, las enseñanzas en mi Iglesia de quien
hubiera tenido la suerte de hacer vida en mi Voluntad, ya estarían los conocimientos, los
alicientes, los efectos, los bienes que contiene este vivir en mi Querer. Si hubiera habido otras
manifestaciones ya habría hecho Yo uso de mi potencia, haciendo traslucir fuera el modo
sublime del vivir en mi Querer; en vista de mi gran complacencia y al verme honrado por el alma
con la gloria de mi misma Voluntad, habría puesto en tales apuros a aquella alma, que no habría
podido resistir en manifestar lo que Yo quería, y así como están los dichos y las enseñanzas del
vivir resignado, paciente, obediente, etc., estaría también esto del vivir en mi Querer; sería
verdaderamente extraño que la cosa que más amo la hubiera debido tener oculta; es más,
cuanto más se ama una cosa, más se la quiere hacer conocer; cuanta más complacencia y gloria
me da un modo de vivir, más quiero difundirlo. No es naturaleza del verdadero amor ocultar lo
que puede hacer felices y enriquecer a los demás. Si tú supieras cómo suspiraba este tiempo
en que vendría a la luz mi pequeña recién nacida en mi Voluntad, para hacerte vivir en mi Querer,
y qué cortejo de gracia preparaba para obtener el intento, tú quedarías aturdida y me estarías
más agradecida y más atenta. ¡Ah, tú no sabes qué significa vivir en mi Querer! Significa
hacerme regresar las puras alegrías de la finalidad de la Creación, mis inocentes
entretenimientos del por qué creé al hombre; significa quitarme toda la amargura que la pérfida
voluntad humana me dio casi al nacer de la Creación; significa un intercambio continuo de
voluntad humana y Divina, y el alma, temiendo de la suya, vive de la mía, y esta Voluntad mía
va llenando al alma de gozos, de amor y de bienes infinitos. ¡Oh, cómo me siento feliz al poder
dar lo que quiero a esta alma, porque mi Voluntad contiene amplitud tal de poder recibir todo!
Así que entre Yo y ella no hay más divisiones, sino estable unión de obrar, de pensar, de amar,
porque mi Voluntad la suple en todo, por eso estamos en acuerdo perfecto y en comunidad de
bienes. Había sido esta la finalidad de la creación del hombre, hacerlo vivir como hijo nuestro y
poner en común con él nuestros bienes, a fin de que él fuese en todo feliz y Nosotros
quedáramos complacidos por su felicidad.
(3) Ahora, el vivir en mi Querer es precisamente esto: Es hacernos restituir la finalidad, los
gozos y las fiestas de la Creación, ¿y tú dices que debía tenerlo oculto en mi Iglesia, sin hacerlo
salir fuera? Habría movido Cielo y tierra, habría arroyado los ánimos por una fuerza irresistible
para hacer conocer lo que será cumplimiento de la Creación. ¿Ves cuánto me interesa este vivir
en mi Querer, que pone el sello a todas mis obras para que todas estén completas? A ti tal vez
te parezca nada, o bien que ya haya cosas semejantes en mi Iglesia, no, no, para Mí en cambio
es el cumplimiento de mis obras, y como tal debes apreciarlo y ser más atenta en cumplir la
misión que quiero de ti”.
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