interrumpido; pero uno no es parecido al otro, distintos entre ellos, nuestros contentos son
siempre nuevos; son tales y tantas nuestras bienaventuranzas, que mientras gozamos una, otra
nos sorprende, y esto siempre y jamás terminan, son eternas, inmensas como Nosotros, y lo
que es eterno tiene virtud de hacer surgir cosas siempre nuevas; lo antiguo, las cosas repetidas
no existen en lo que es eterno. ¿Pero sabes tú quién toma más parte en el Cielo de lo nuevo
que jamás se agota? Quien más haya practicado el bien en la tierra, este bien será como el
germen que le dará el conocimiento de nuestras bienaventuranzas, alegrías, bellezas, amor,
bondad, etc., y según el bien que el alma haya practicado en la tierra, que tenga alguna armonía
con nuestras variadas bienaventuranzas, así se acercará a Nosotros y a grandes sorbos se
llenará de aquella bienaventuranza de la cual contenga el germen, hasta desbordarse fuera. De
todo lo que contiene el círculo de la eternidad tomaran parte; en cambio de los gérmenes
adquiridos en la tierra, de ellos serán colmados. Sucederá como a uno que haya aprendido
música, un trabajo, una ciencia; sonando la música, muchos escuchan y gozan, pero, ¿quién
entiende? ¿Quién siente penetrarle en la inteligencia y descenderle en el corazón todas aquellas
notas de gozo o de dolor? ¿Quién se siente como lleno y ve en acto las escenas que la música
expresa? Quien ha estudiado, quien se ha fatigado por aprenderla, los demás gozan pero no
entienden, su gozo está sólo en la percepción del oído, pero todo su interior queda en ayunas;
así también quien ha aprendido las ciencias, ¿quién goza más, uno que ha estudiado, que ha
consumido su inteligencia en los libros, en tantas cosas científicas, o bien quien sólo las ha
mirado? Cierto, quien ha estudiado puede hacer ganancias justas, puede ocupar diversos
puestos, en cambio el otro puede gozar con la sola vista si ve cosas que pertenecen a las
ciencias; así de todas las demás cosas. Si esto sucede en la tierra, mucho más en el Cielo,
donde la justicia pesa con la balanza del amor cada pequeño acto bueno hecho por la criatura,
y pone sobre ese acto bueno una felicidad, una alegría, una belleza interminables.
(5) Ahora, ¿qué será del alma que habrá vivido en mi Querer, donde todos sus actos quedan
con un germen eterno y divino? El círculo de la eternidad se verterá de tal forma en ella, que
toda la Jerusalén Celestial quedará sorprendida y harán nuevas fiestas y recibirán nueva gloria”.
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16-44
Febrero 5, 1924
Privaciones. Penas de Jesús, tristeza del alma. Efectos de la
alegría. El alma no puede salir de la Divina Voluntad, porque
su voluntad está encadenada con la inmutabilidad de la Divina.
(1) Me sentía amargada por la privación de mi sumo y único bien, me sentía extenuada, sentía
que no más debía venir Aquél que era toda mi vida, sentía que todo lo pasado había sido un
juego de fantasía. ¡Oh! si estuviera en mi poder habría quemado todos los escritos a fin de que
no quedara ningún vestigio de mí. También mi naturaleza sentía los dolorosos efectos de su
privación, pero es inútil escribir lo que ha pasado, porque también el papel es cruel y no tiene
ninguna palabra de consuelo para mí, y no me da a Aquél por el que tanto suspiro, más bien el
decirlo exacerba más mis penas, por eso mejor sigo adelante. Ahora, mientras me encontraba
en tan duro estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver con una varita de fuego en la mano
y me decía:
(2) “Hija mía, ¿dónde quieres que te pegue con esta varita? Quiero castigar al mundo, por
eso he venido a ti para ver cuántos golpes quieres recibir tú, para dar el resto a las criaturas, por
eso dime dónde quieres que te golpee.
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