(3) Y yo amargada como estaba he dicho: “Donde quieras golpearme pégame, yo no quiero
saber nada, no quiero otra cosa que tu Voluntad”.
(4) Y Él de nuevo: Quiero saber por ti dónde quieres que te golpee”.
(5) Y yo: “No, no, yo jamás lo diré, quiero donde quieras tú”.
(6) Y Jesús me ha preguntado de nuevo, y viendo que yo siempre respondía, no quiero otra
cosa que tu Voluntad, ha repetido:
(7) “Así que ni siquiera quieres decir dónde quieres que te golpee”.
(8) Entonces sin decirme otra cosa me golpeaba; aquellos golpes eran dolorosos, pero como
partían de las manos de Jesús me infundían la vida, la fuerza, la confianza. Después de que
me ha golpeado, de manera que me sentía toda maltratada, me he puesto cerca de su cuello y
acercándome a su boca he intentado chupar, pero mientras hacía esto venía a mi boca un líquido
dulcísimo que me fortalecía toda, pero no era esa mi voluntad, más bien quería sus amarguras
que las tenía en demasía en su corazón santísimo, y después le he dicho:
(9) “Amor mío, que dura suerte es la mía, tu privación me mata, el temor de que pudiera salir
de tu Voluntad me aplasta, dime, ¿en qué te he ofendido? ¿Por qué me dejas? Y a pesar que
ahora estás conmigo, no me parece que hayas venido para quedarte conmigo como antes, para
estar juntos, sino de paso. ¡Ah! ¿cómo estaré sin Ti, vida mía? Dilo Tú mismo si es que puedo
hacerlo, y mientras esto decía he roto en llanto, y Jesús estrechándome a Él me ha dicho:
(10) “Pobre hija mía, pobre hija mía, ánimo, tu Jesús no te deja, ni temas que pudieras salir
de mi Voluntad, porque tu voluntad está encadenada con la inmutabilidad de la mía, a lo más
serán pensamientos, impresiones que sentirás, pero no verdaderos actos, porque estando en ti
la inmutabilidad de mi Voluntad, cuando la tuya estuviera por salir de la mía, sentirás la firmeza,
la fuerza de mi inmutabilidad y quedarás más encadenada. Y además, ¿te has olvidado que no
sólo estoy Yo en tu corazón, sino todo el mundo, y que desde dentro de ti dirijo la suerte de
todas las criaturas? Lo que tú sientes no es otra cosa que la forma en como está el mundo
Conmigo, y las penas que me dan, estando Yo en ti, repercuten sobre ti; ¡ah hija mía, cuánto
nos hace sufrir el mundo! Pero ánimo, cuando veo que no puedes más Yo dejo todo y vengo a
estarme con mi hija para reanimarte y reanimarme de las penas que me dan”.
(11) Dicho esto ha desaparecido. Yo he quedado reanimada, sí, pero con una tristeza de
sentirme morir, me sentía como sumergida en un baño de amarguras y aflicciones, tanto, que
no sentía la fuerza de decirle a Jesús: Ven. Luego, mientras hacía mis acostumbradas
oraciones, mi amado Jesús ha regresado diciéndome:
(12) “Hija mía, dime, ¿por qué estás tan triste? Mira, Yo vengo de en medio de las criaturas
con las lágrimas en los ojos, con el corazón traspasado, traicionado por muchos y por eso he
dicho entre Mí: Me voy con mi hija, con mi pequeña recién nacida de mi Voluntad, a fin de que
me enjugue las lágrimas, con sus actos que ha hecho en mi Voluntad me dará el amor y todo lo
que los demás no me dan, me reposaré en ella y la reanimaré con mi presencia, y tú en cambio
te haces encontrar tan triste que debo hacer a un lado mis penas para aliviar las tuyas. ¿No
sabes tú que la alegría al alma es como el perfume a las flores, como el condimento a los
alimentos, como el colorido a las personas, como la maduración a los frutos, como el sol a las
plantas? Así que con esta tristeza no me has dejado encontrar un perfume que me recreé, ni
un alimento sabroso, ni un fruto maduro, estás toda descolorida, tanto, que me das piedad.
Pobre hija, ánimo, estréchate a Mí, no temas”.
(13) Yo me he estrechado a Jesús, habría querido estallar en llanto, sentía que se me ahogaba
la voz, pero me he hecho violencia y ahogando el llanto le he dicho:
(14) “Jesús, amor mío, mis penas son nada en comparación de las tuyas, por eso pensemos
en tus penas si no me quieres agregar otras amarguras. Deja que te enjugue las lágrimas y
particípame de las penas de tu corazón”.
(15) Entonces me ha participado sus penas, y haciéndome ver los graves males que hay en
el mundo y los que vendrán, ha desaparecido”.
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