la Redención, tanto, que en cada cosa que hizo el Verbo Eterno está el Fiat, que haciéndole
corona le da vida, así que el Fiat Creante y el Fiat Redimiente están entrelazados juntos, y uno
hace eco en el otro y forman uno solo; entonces no hay acto creado en el que mi dulce Jesús
no haya entrelazado con su Fiat. Ahora, mi adorado Jesús me ha dicho tantas veces que se
necesita el tercer Fiat para hacer que la obra de la Creación y de la Redención sean
completadas, pero, ¿cómo se hará? ¿Quién formará tantos Fiat para entrelazar al Fiat Creante
y al Fiat Redimiente?” Mientras esto pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me
ha dicho:
(2) “Hija mía, si la Majestad Suprema hizo salir tanto amor en todas las cosas creadas por su
Fiat Omnipotente sobre el género humano, era justo que Yo, Hijo suyo, en su mismo Fiat hiciera
otros tantos actos para corresponderlo por su amor, entrelazando los suyos con los míos, para
hacer que de la tierra se elevase otro Fiat, humano y Divino, para darse el beso, entrelazarse
juntos y sustituir a la correspondencia del amor de todas las criaturas. Mientras Yo no vine a la
tierra, el Fiat esparcido en todo lo creado estaba solo; en cuanto vine no estuvo más solo, más
bien fue mi primer objetivo, el formar tantos actos en el Fiat Eterno por cuantos había hecho mi
Padre en la Creación, así que con mi Fiat, el Fiat Creante tuvo su dulce y armoniosa compañía.
Ahora, este Fiat no quiere que sean sólo dos, quiere el tercer Fiat, quiere estar en tres, y este
tercer Fiat lo harás tú, por eso muchas veces te he atraído fuera de ti misma, te he puesto en
aquel mismo Fiat Creante y Redimiente a fin de que hicieras tu vuelo y entrelazando el tuyo al
nuestro, el Fiat Creante y Redimiente quedaran entrelazados por tu tercer Fiat. Por cuanto más
obres en nuestro Fiat, tanto más pronto alcanzarás la vía de nuestro Fiat, y así como en el Fiat
de la Creación salieron de Nosotros tantas cosas prodigiosas y bellas, como es todo el universo,
y el Fiat de la Redención se sustituyó a todos los actos de la criatura, tomando de la mano a su
hijo perdido para conducirlo nuevamente al seno de su Padre Celestial, así el tercer Fiat, cuando
haya hecho su camino, se verán los efectos: ‘Que mi Querer sea conocido y amado y tome su
dominio para tener su reino sobre la tierra’. Cada acto tuyo de más que entrelaces con nuestro
Fiat será un beso humano que harás dar a nuestro Fiat, un vínculo mayor que formarás entre la
Voluntad Divina y humana, de manera que puestas de acuerdo, no tenga reserva de hacerse
conocer y tomar su real dominio; todo está en hacerse conocer, el resto vendrá por sí solo. Por
eso tantas veces te he recomendado que al escribir no omitas nada de lo que concierne a mi
Voluntad, porque el conocimiento es el camino, y la luz sirve de trompeta para llamar a los
escuchantes para hacerse oír, y cuanto más suene la trompeta, y más suena por cuantos más
conocimientos tiene que manifestar, tanta más gente acude. El conocimiento ahora se pone en
actitud de cátedra, ahora como maestro, ahora como padre piadoso y amante excesivo, en
suma, tiene en su poder todos los caminos para entrar en los corazones para conquistarlos y
triunfar sobre todo. Y por cuantos más conocimientos contiene, tantos más caminos tiene en su
poder”.
(3) Entonces yo, casi confundida por lo que Jesús me decía he dicho: “Dulce Amor mío, Tú
sabes cómo soy miserable y en qué estado me encuentro, por eso siento que para mí es
imposible el que con mis actos pueda hacer el mismo camino del Fiat Creante y del Fiat
Redimiente”.
(4) Y Jesús: “¿Así que nuestro Fiat no contiene todo el poder que quiere? ¿Si lo hizo en la
Creación y en la Redención, cómo no lo puede hacer en ti? Se requiere tu querer, y Yo imprimiré
mi Fiat en el tuyo, como imprimí mi Fiat Divino en el querer de mi Humanidad, y así haremos el
mismo camino. Mi Voluntad puede todo, en mi Omnividencia te hará presente los actos de la
Creación y Redención, y tú con facilidad entrelazaras con tus actos el tercer Fiat a nuestro Fiat,
¿no estás contenta?”
(5) Entonces yo, viendo que mi adorado Jesús conforme hablaba de su Voluntad me
desaparecía y quedaba como eclipsado en una luz inmensa, como cuando el sol hace
desaparecer las estrellas eclipsándolas en su luz, he dicho: “Jesús, vida mía, no me hables de
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