felicidades inmensas, así la suya lo puso en el puerto de las miserias. Nuestra Voluntad era
todo para el hombre, y en Ella encontraba todo, era justo que habiendo salido de Nosotros y
viviendo como un tierno hijo nuestro en nuestro Querer, viviera de lo nuestro, y este Querer
debiera sustituirse a todo lo que él necesitaba; por lo tanto, como quiso vivir de su querer, tuvo
necesidad de todo, porque el querer humano no tiene el poder de sustituirse a todas las
necesidades, ni tiene en sí la fuente del bien, por eso fue obligado a procurarse con cansancio
las cosas necesarias a la vida. ¿Ves entonces qué significa no estar unido con mi Voluntad?
¡Oh! si todos la conocieran, sólo tendrían un solo suspiro: ‘Que mi Querer venga a reinar sobre
la tierra’. Así que si Adán no se hubiera sustraído de la Voluntad Divina, aun su naturaleza no
habría tenido necesidad de vestidos, no habría sentido la vergüenza de su desnudez, ni habría
estado sujeto a sufrir el frío, el calor, el hambre, la debilidad, pero estas cosas naturales eran
casi nada, eran más bien símbolos del gran bien que había perdido su alma.
(3) Por eso hija mía, antes de ser atado a la columna para ser flagelado, quise ser desnudado
para sufrir y reparar la desnudez del hombre cuando se desnudó del vestido real de mi Voluntad.
Sentí en Mí tal confusión y pena al verme así desnudo en medio de los enemigos que se
burlaban de Mí, que lloré por la desnudez del hombre y ofrecí a mi Celestial Padre mi desnudez,
para hacer que el hombre fuera revestido de nuevo con el vestido real de mi Voluntad, y como
pago, para que esto no me fuera negado, ofrecí mi sangre, mis carnes arrancadas a pedazos,
me hice desnudar no sólo de los vestidos, sino también de mi piel para poder pagar el precio y
satisfacer el delito de esta desnudez del hombre; derramé tanta sangre en este misterio, que en
ningún otro derramé tanta, que bastaba para cubrir al hombre como con un segundo vestido, y
vestido de sangre para cubrirlo de nuevo, y así calentarlo y lavarlo para disponerlo a recibir la
vestidura real de mi Voluntad”.
(4) Yo al oír esto, sorprendida he dicho: “Mi amado Jesús, ¿cómo puede ser posible que el
hombre con sustraerse de tu Voluntad tuvo necesidad de vestirse, tuvo vergüenza, miedo? Sin
embargo Tú hiciste siempre la Voluntad del Padre Celestial, eras una sola cosa con Él; tu Mamá
no conoció jamás su querer, sin embargo tuvisteis necesidad de vestidos, de alimento y
sentisteis el frío y el calor”.
(5) Y Jesús ha agregado: “Sin embargo hija mía es precisamente así. Si el hombre sintió
vergüenza de su desnudez y quedó sujeto a tantas miserias naturales, fue precisamente porque
perdió el dulce encanto de mi Voluntad, y si bien el mal lo hizo el alma, no el cuerpo, pero
indirectamente fue como cómplice de la mala voluntad del hombre, la naturaleza quedó como
profanada por el mal querer del hombre, por lo tanto la una y el otro debían sentir la pena del
mal hecho. Respecto a Mí, es verdad que hice siempre la Voluntad Suprema, pero Yo no vine
a encontrar al hombre inocente, al hombre antes de que pecara, sino que vine a encontrar al
hombre pecador y con todas sus miserias, y debí fraternizarme con él, tomar sobre de Mí todos
sus males y sujetarme a las necesidades de la vida, como si fuera uno de ellos; pero en Mí había
este prodigio, que si lo quería de nada tenía necesidad, ni de vestidos, ni de alimento, ni de
nada. Pero no quise servirme de él por amor al hombre, quise sacrificarme en todo, aun en las
cosas más inocentes creadas por Mí mismo, para atestiguarle mi ardiente amor, es más, esto
servía para impetrar de mi Divino Padre que, por consideración mía y de mi voluntad toda
sacrificada a Él, restituyera al hombre la noble vestidura real de nuestra Voluntad”.
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