es posible pase de mí este cáliz de mi voluntad’, y llorando agregaste junto Conmigo: ‘Non mea
voluntas, sed Tua Fiat’. ¡Ah! sí, estuviste tú junto Conmigo en aquel primer contrato con mi
Padre Celestial, porque se necesitaba al menos una criatura que debía hacer válido este
contrato, de otra manera, ¿a quién darlo? ¿A quién confiarlo? Y para volver más segura la
custodia del contrato, te hice don de todos los frutos de mi Pasión, formándolos a tu alrededor
como un ejército formidable, que mientras hace su cortejo real a mi Voluntad, hace guerra
encarnizada a la tuya, por eso, ánimo en el estado en el que te encuentras, quita el pensamiento
de que Yo pueda dejarte, esto sería en menoscabo de mi Querer, siendo que tengo el contrato
de mi Voluntad depositado en ti. Por eso estate en paz, es mi Voluntad que te prueba, que
quiere no sólo purificarte sino destruir aun la sombra de tu voluntad, por eso con toda paz sigue
el vuelo en mi Querer, no te preocupes por nada, tu Jesús hará de manera que todo lo que
pueda suceder dentro y fuera de ti, hará resaltar mayormente mi Voluntad, y ensanchará en ti
los confines de la mía en tu voluntad humana; soy Yo quien llevará la batuta en tu interior, para
dirigir todo en ti según mi Querer. Yo no me ocupé de otra cosa sino sólo de la Voluntad de mi
Padre, y como todas las cosas están en Ella, por eso me ocupé de todo; y si enseñé alguna
oración, no fue otra sino que la Divina Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra, pero
era la oración que encierra todo. Así que Yo no giraba sino sólo en torno a la Voluntad Suprema,
mis palabras, mis penas, mis obras, mis latidos estaban llenos de Voluntad Celestial. Así quiero
que hagas tú, debes girar tanto en torno a Ella, hasta hacerte quemar por el aliento eterno del
fuego de mi Voluntad, de manera que pierdas cualquier otro conocimiento, y no sepas otra cosa,
sino sólo y siempre mi Querer”.
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16-40
Enero 14, 1924
En la flagelación, Jesús quiso ser desnudado para dar de nuevo
a la criatura las vestiduras reales de la Divina Voluntad.
(1) Estaba acompañando a mi Jesús en el misterio de la flagelación, compadeciéndolo cuando
se vio tan confundido en medio de los enemigos, despojado de sus vestidos, bajo una tempestad
de golpes, y mi amable Jesús saliendo de mi interior en el estado en el que se encontraba
cuando fue flagelado me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber la causa por la que fui desnudado cuando fui flagelado? En cada
misterio de mi Pasión primero me ocupaba de consolidar la rotura entre la voluntad humana y la
Divina, y después de las ofensas que esta rotura produjo. Cuando el hombre en el edén rompió
los vínculos de la unión entre la Voluntad Suprema y la suya, se despojó de las vestiduras reales
de mi Voluntad y se vistió con los miserables harapos de la suya, débil, inconstante, impotente
para hacer algo de bien. Mi Voluntad le era un dulce encanto que lo tenía absorbido en una luz
purísima que no le hacía conocer otra cosa que a su Dios, del cual había salido, quien no le
daba otra cosa que felicidad sin medida, y estaba tan absorbido por lo mucho que le daba su
Dios, que no se daba ningún pensamiento de sí mismo. ¡Oh! cómo era feliz el hombre y cómo
la Divinidad se deleitaba en darle tantas partículas de su Ser por cuanto la criatura puede recibir,
para hacerlo semejante a Él. Ahora, en cuanto rompió la unión de nuestra Voluntad con la suya,
perdió la vestidura real, perdió el encanto, la luz, la felicidad; se miró a sí mismo sin la luz de mi
Voluntad y viéndose sin el encanto que lo tenía absorto, se conoció, tuvo vergüenza, tuvo miedo
de Dios, tanto que su misma naturaleza sintió sus tristes efectos, sintió el frío y la desnudez y
sintió la viva necesidad de cubrirse; y así como nuestra Voluntad lo tenía en el puerto de
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