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Enero 4, 1924
Con las palabras de Jesús en el huerto: “No se haga mi voluntad
sino la Tuya”, acordó con su Padre Celestial que la Voluntad
Divina tomara su puesto de honor en la criatura.
(1) Estaba pensando en las palabras de Jesús en el huerto cuando dijo: “Padre, si es posible
pase de Mí este cáliz, pero, non mea voluntas, sed Tua Fiat”. Y mi dulce Jesús moviéndose en
mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿crees tú que fue el cáliz de mi Pasión por el cual decía al Padre: ‘Padre, si es
posible pase de Mí este cáliz?’ No, absolutamente no, era el cáliz de la voluntad humana que
contenía tal amargura y plenitud de vicios, que mi voluntad humana unida a la Divina sintió tal
repugnancia, terror y espanto, que grité: ‘Padre, si es posible pase de Mí este cáliz’. Cómo es
fea la voluntad humana sin la Voluntad Divina, la cual casi como dentro de un cáliz se encierra
dentro de cada criatura; no hay mal en las generaciones del cual ella no sea el origen, la semilla,
la fuente, y Yo, viéndome cubierto por todos estos males que ha producido la voluntad humana,
frente a la santidad de la mía me sentía morir, y habría muerto de verdad si la Divinidad no me
hubiera sostenido. ¿Pero sabes tú por qué agregué, y por tres veces: ‘Non mea voluntas, sed
Tua Fiat?’ Yo sentía sobre de Mí todas las voluntades de las criaturas juntas, todos sus males,
y a nombre de todas grité al Padre: ‘No se haga más la voluntad humana en la tierra, sino la
Divina; la voluntad humana sea desterrada y la Tuya reine’. Así que desde entonces, y lo quise
hacer desde el principio de mi Pasión, porque era la cosa que más me interesaba y la más
importante, la de llamar a la tierra el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra. Yo era
el que a nombre de todos decía: ‘Non mea voluntas, sed Tua Fiat’. Desde entonces Yo
constituía la época del Fiat Voluntas Tua sobre la tierra; y con decirlo por tres veces, en la
primera la impetraba, en la segunda la hacía descender, en la tercera la constituía reinante y
dominadora; y con decir: ‘Non mea voluntas, sed Tua Fiat’, Yo intentaba vaciar a las criaturas
de su voluntad y llenarlas de la Divina.
(3) Antes de morir, porque no me quedaban más que horas, Yo quise contratar con mi Padre
Celestial mi primera finalidad por la cual vine a la tierra, que la Divina Voluntad tomara su primer
lugar de honor en la criatura. El sustraerse de la Voluntad Suprema había sido el primer acto del
hombre, y por lo tanto nuestra primera ofensa, todos sus demás males entran en el orden
secundario, y Yo debí primero realizar la finalidad del Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in
terra, y después formar con mis penas la Redención, porque la misma Redención entra en el
orden secundario; es siempre mi Voluntad la que tiene el primado sobre todas las cosas, y si
bien de los frutos de la Redención se vieron los efectos, pero fue en virtud de este contrato que
Yo hice con mi Padre Divino, el que su Fiat debía venir a reinar sobre la tierra, realizando la
verdadera finalidad de la creación del hombre y mi finalidad primaria por la cual vine a la tierra,
que el hombre pudo recibir los frutos de la Redención, de otra manera habría faltado el orden a
mi sabiduría; si el principio del mal fue su voluntad, a ésta debía Yo ordenar y restablecer, reunir
Voluntad Divina y humana, y si bien se vieron primero los frutos de la Redención, esto dice nada;
mi Voluntad es como un rey, que si bien es el primero entre todos, llega al último, precediéndolo
por su honor y decoro sus pueblos, ejércitos, ministros, príncipes y toda la corte real. Así que
primero eran necesarios los frutos de mi Redención para hacer encontrar la corte real, los
pueblos, los ejércitos, los ministros, a la altura de la Majestad de mi Voluntad.
(4) ¿Pero sabes tú quién fue la primera en gritar junto Conmigo: ‘Non mea voluntas, sed Tua
Fiat’? Fue mi pequeña recién nacida en mi Voluntad, mi pequeña hija, que tuvo tal repugnancia,
tal espanto de su voluntad, que temblorosa se estrechó a Mí y gritó junto Conmigo: ‘Padre, si