todos mis méritos, mis penas, mi sangre, todo lo que contenía la Vida de un Hombre Dios, y
quedó concebida en los interminables abismos de mis méritos, de mi sangre divina, en el mar
inmenso de mis penas. En virtud de ellos quedó inmaculada, bella y pura; al enemigo le quedó
cerrado el paso por los incalculables méritos míos y no pudo hacerle ningún daño. Era justo que
quien debía concebir el Hijo de un Dios, debía primero ser Ella concebida en las obras de este
Dios, para poder tener virtud de concebir al Verbo que debía venir a redimir al género humano;
así que Ella primero quedó concebida en Mí, y Yo quedé concebido en Ella, no quedaba más
que a tiempo oportuno hacerlo conocer a las criaturas, pero en la Divinidad estaba como ya
hecho. Por eso, la que más recibió los frutos de la Redención, más bien tuvo el fruto completo,
fue esta excelsa Criatura, que siendo concebido en Ella, amó, estimó y conservó como cosa
suya todo lo que el Hijo de Dios obró sobre la tierra. ¡Oh! la belleza de esta tierna pequeñita,
era un prodigio de la gracia, un portento de nuestra Divinidad, creció como Hija nuestra, fue
nuestro decoro, nuestra alegría, el honor y la gloria nuestra”.
(3) Entonces, mientras mi dulce Jesús decía todo esto, yo pensaba en mi mente: “Es cierto
que mi Reina Mamá fue concebida en los interminables méritos de mi Jesús, pero la sangre, el
cuerpo, fueron concebidos en el seno de Santa Ana, la cual no estaba exenta de la mancha de
origen; entonces, ¿cómo puede ser que nada heredó de los tantos males que todos hemos
heredado por el pecado de nuestro primer padre Adán?”
(4) Y Jesús: “Hija mía, tú no has entendido aún que todo el mal está en la voluntad. La
voluntad arrolló al hombre, es decir a su naturaleza, no la naturaleza arrolló a la voluntad del
hombre, así que la naturaleza quedó en su lugar, tal como fue creada por Mí, nada cambió, fue
su voluntad la que se cambió y se puso, nada menos, que contra una Voluntad Divina, y esta
voluntad rebelde arrastró su naturaleza, la debilitó, la contaminó y la volvió esclava de vilísimas
pasiones; sucedió como a un recipiente lleno de perfumes o de cosas preciosas, si se vaciara
de eso y se llenase de podredumbre o de cosas viles, ¿acaso cambia el recipiente? Cambia lo
que se pone dentro, pero él es siempre lo que es, a lo más se vuelve más o menos apreciable
según lo que contiene, así fue del hombre.
(5) Ahora mi Mamá, el ser concebida en una criatura de la raza humana no le causó ningún
daño, porque su alma era inmune de toda culpa, entre su voluntad y la de su Dios no había
división, las corrientes divinas no encontraban obstáculo ni oposición para derramarse sobre
Ella, a cada instante estaba bajo la tupida lluvia de nuevas gracias. Entonces, con esta voluntad
y esta alma toda santa, toda pura, toda bella, el recipiente de su cuerpo que tomó de su madre
quedó perfumado, rehabilitado, ordenado, divinizado, en modo de quedar exenta aun de todos
los males naturales de los que está invadida la naturaleza humana. ¡Ah! fue propiamente Ella
la que recibió el germen del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, que la ennobleció
y la restituyó a su principio, tal como el hombre fue creado por Nosotros antes de que pecara;
es más, lo sobrepasó, la embelleció aún más a los continuos flujos de aquel Fiat que tiene sólo
virtud de reproducir imágenes todas semejantes a Aquél que las ha creado, y en virtud de esta
Voluntad Divina que obraba en Ella, se puede decir que lo que Dios es por naturaleza, Ella lo es
por gracia. Nuestra Voluntad todo puede hacer, a todo puede llegar cuando el alma nos da
libertad de obrar y no interrumpe con su voluntad humana nuestro obrar”.
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