Padre Divino pudiese abrir las puertas del Cielo, cerradas por la voluntad humana. No hay bien
que no descienda sino sólo por medio de mi Voluntad.
(9) La tercera es tuya. Al primer y al segundo sello de nuestro Querer en todos los actos
humanos, te toca a ti, como hija primogénita de nuestro Querer, poner el tercero para obtener
que venga el Reino de mi Querer a la tierra, por eso gira hija mía en todos los actos humanos
de las criaturas, penetra hasta dentro de los corazones, lleva a cada latido el latido de mi Querer,
a cada pensamiento el beso, el conocimiento de mi Voluntad; en cada palabra imprime el Fiat
Omnipotente, invade todo, envuelve a todos en Él, y así venga mi Reino a la tierra. Tu Jesús
no te dejará sola en estos giros, te asistiré y te guiaré en todo”.
(10) Y mientras esto decía, yo tomaba mi vuelo y giraba por todo y por todos; ¿pero quién
puede decir lo que hacía? Lo puede decir sólo Jesús que me lo hacía hacer. Así he pasado
toda la noche junto con Jesús, y mientras giraba, ahora le traía todos los pensamientos, ahora
todas las palabras, ahora las obras, los pasos, los latidos, todos investidos por su Voluntad, y
Jesús todo con amor recibía y hacía fiesta, y después me ha dicho:
(11) “Mira la gran diferencia que hay entre la santidad en mi Querer y la santidad de las otras
virtudes, la primera es recibir a cada instante corrientes de gracia, de luz, de amor, y estar la
criatura en cada acto suyo en orden con su Creador, por eso es la santidad que más se acerca
a su Creador. La segunda, la de las otras virtudes, es a tiempo y a circunstancia, cuando se
presenta la ocasión de ejercitar ahora la paciencia, ahora la obediencia, ahora la caridad y otras,
y si no se presentan ocasiones, las virtudes quedan interrumpidas y sin crecimiento, y no pueden
recibir el bien que contiene la virtud en acto. En cambio en la santidad de mi Querer no hay
pausas ni interrupciones, mi Querer está siempre fijo en dardear a la criatura, ella lo puede recibir
a cada instante, si respira, si piensa, si habla, si late, si se alimenta, si duerme, todo entra en mi
Querer, y a cada instante puede llenarse de mi Voluntad con todos los bienes que Ella contiene”.
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16-36
Diciembre 8, 1923
Sobre la Inmaculada Concepción de María.
(1) Estaba pensando en la Inmaculada Concepción de mi Mamá Reina, y mi siempre amable
Jesús, después de haber recibido la santa comunión, se hacía ver en mi interior como dentro de
una estancia toda luz, y en esta luz hacía ver todo lo que había hecho en todo el curso de su
Vida; se veían como alineados en orden todos sus méritos, sus obras, sus penas, sus llagas, su
sangre, todo lo que contenía la Vida de un Hombre y Dios, como en acto de proteger a un alma,
a Él tan querida, de cualquier mínimo mal que pudiese ensombrecerla. Yo me asombraba al ver
tanta atención de Jesús, y Él me ha dicho:
(2) “A mi pequeña recién nacida quiero hacerle conocer la Inmaculada Concepción de la
Virgen, concebida sin pecado. Pero primero tú debes saber que mi Divinidad es un acto solo,
todos los actos suyos se concentran en uno solo, esto significa ser Dios, el portento más grande
de nuestra Esencia Divina, no estar sujeta a sucesión de actos, y si a la criatura le parece que
ahora hacemos una cosa, y ahora otra, es más bien que hacemos conocer lo que hay en aquel
acto solo, porque la criatura, incapaz de conocerlo todo de un solo golpe, se lo hacemos conocer
poco a poco. Ahora, todo lo que Yo, Verbo Eterno debía hacer en mi asumida Humanidad,
formaba un solo acto con aquel acto único que contiene mi Divinidad, así que antes de que esta
noble Criatura fuese concebida, ya existía todo lo que debía hacer en la tierra el Verbo Eterno,
por lo tanto, en el acto en que esta Virgen fue concebida, se alinearon en torno a su Concepción