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Diciembre 6, 1923
La tarea de la Santísima Virgen, la tarea de Jesús y la tarea de Luisa
para hacer que venga el reino de la Divina Voluntad a la tierra.
(1) Estaba rezando, y mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior que me miraba fijamente, y
yo, atraída por su mirada, lo miraba a Él hasta dentro de su interior, que me parecía como si
fuera un cristal en el cual se podía ver todo lo que mi amado Jesús hacía, y yo uniéndome a Él
trataba de hacer lo que Él hacía. Otras veces me parecía que Jesús tomaba mi alma entre sus
manos y la lanzaba al vuelo en la inmensidad de su Voluntad diciéndome:
(2) “La recién nacida de mi Voluntad; en mi Voluntad has nacido, en Ella quiero que vivas.
Vuela, vuela en el Eterno Querer, cumple tu oficio, mira que hay mucho qué hacer entre la
Divinidad y las criaturas, gira por todas las generaciones, pero siempre en mi Querer, de otra
manera no las encontrarás a todas, y amando, obrando, reparando, adorando por todos, te
pondrás ante la Majestad Suprema para darle todo el amor, los homenajes de todos y de cada
uno como verdadera hija primogénita de nuestro Querer”.
(3) Yo tomaba el vuelo y Jesús seguía con su mirada mi vuelo; ¿pero quién puede decir lo
que hacía? En su Querer encontraba todo el amor que su Voluntad debía dar a las criaturas, y
no tomándolo ellas, estaba suspendido esperando que fuese tomado y yo lo hacía mío, e
invistiendo a todas las inteligencias creadas, formaba por cada uno de los pensamiento un acto
de amor, de adoración y de todo lo que cada inteligencia debía dar a Dios, y abrazando todo en
mí, como si a todos los pusiera en mi regazo, tomaba el camino al Cielo para llevarlos al seno
del Padre Celestial y le decía:
(4) “Padre Santo, vengo ante tu trono para traerte en mi regazo a todos tus hijos, tus queridas
imágenes creadas por Ti, para ponerlos otra vez en tu seno divino, a fin de que aquella Voluntad,
por ellos rota entre Tú y ellos, Tú la vincules y la anudes de nuevo. Es la pequeña hija de tu
Querer quien esto te pide, soy pequeña, es cierto, pero tomo la tarea de satisfacerte por todos,
no me iré de tu trono si no me vinculas la voluntad humana con la Divina, y llevándola a la tierra,
venga el reino de tu Querer a la tierra. A los pequeños nada se les niega, porque lo que piden
no es otra cosa que el eco de tu mismo Querer y de lo que quieres Tú”.
(5) Después regresaba con Jesús que me esperaba en mi habitación, y Él me recibía en sus
brazos, me colmaba de besos y de caricias y me decía:
(6) “Pequeña mía, para hacer que el Querer del Cielo descienda sobre la tierra, es necesario
que todos los actos humanos sean sellados y esmaltados de actos de Voluntad Divina, a fin de
que el Supremo Querer, viendo que todos los actos de voluntad de las criaturas están marcados
por la suya, atraído por el imán potente de su mismo Querer descienda a la tierra y reine en ella;
a ti como hija primogénita de nuestro Querer te ha sido dada esta tarea.
(7) Debes saber que para atraer al Verbo y hacerlo descender del Cielo, mi Mamá tomó la
tarea de girar por todas las generaciones, y haciendo suyos todos los actos de voluntad humana,
Ella ponía en ellos el Querer Divino, porque tenía tanto de este capital de Querer Supremo, de
sobrepasar todo lo que debían tener todas las criaturas juntas, y en cada giro que hacía
multiplicaba este capital. Entonces Yo, Verbo Eterno, viendo que la más fiel de nuestras
criaturas con tanta gracia y amor había llenado todos los actos humanos con el Querer Divino,
habiendo Ella tomado a pecho lo que se necesitaba para hacer esto, viendo que en el mundo
estaba nuestro Querer, atraído descendí del Cielo.
(8) La segunda tarea me tocó a Mí para formar la Redención. Cuánto debí girar por todos los
actos humanos, tomarlos todos como en un puño y cubrirlos, sellarlos, esmaltarlos de mi Querer
Divino, para atraer a mi Padre Celestial y hacerlo mirar todos los actos humanos cubiertos de
aquel Querer Divino que el hombre había rechazado a las regiones celestiales, a fin de que mi
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