(2) “Hija mía, eres siempre mi recién nacida de mi Voluntad, y además tú te equivocas.
Quieres que hable de mi Voluntad y que la haga conocer, ¿y quien debe ser el canal, la portavoz,
el instrumento para hacerla conocer no debe existir? Si la cosa debiera quedar entre tú y Yo,
tal vez podría ser así, pero como quiero que mi Voluntad tenga su Reino, y el Reino no se forma
con una sola persona, sino con muchas y de diversas condiciones, por eso es necesario que no
sólo se conozca mi Voluntad, los bienes que contiene, la nobleza de aquellos que querrán vivir
en este Reino, el bien, la felicidad, el orden, la armonía que cada uno poseerá, sino también a
aquélla que mi bondad ha escogido como origen y principio de tanto bien. Con entrelazarte a ti
junto con mi Voluntad, con elevarte sobre todas las cosas de la Creación, no significa otra cosa
que dar más importancia, elevar más, dar más peso a mi Voluntad. Cuanto más bueno es un
rey, más santo, más rico, más magnánimo, más amante de sus súbditos, hasta llegar a dar su
propia vida antes de dejar que toquen a uno que vive en su Reino, tanto más ese Reino es
estimado y amado, y suscita en todos el deseo de vivir en aquel Reino, más bien hacen
competencia para ver a quién le puede tocar tal fortuna; por lo tanto, del conocimiento del rey
viene la buena marcha del Reino, su importancia. Tú, al decir que no quieres estar entrelazada
con mi Voluntad, quisieras un Reino sin el rey, la ciencia sin el maestro, las posesiones sin el
patrón; ¿qué sería de este Reino, de esta ciencia, de estas posesiones? ¿Cuántos desórdenes
no habría, cuántas ruinas? Y Yo no sé hacer cosas desordenadas, es más, la primera cosa en
Mí es el orden.
(3) Mira, esto habría sucedido en la Redención si mi querida Mamá no hubiera querido hacer
conocer que era mi Madre, que me había concebido en su seno virginal, que me nutrió con su
leche; mi venida a la tierra, la Redención, serían increíbles y ninguno se habría plegado a creer
y a recibir los bienes que hay en la Redención. En cambio, con hacer conocer a mi Madre, quién
era Ella, que la exenté de toda mancha, aún la de origen, que era un prodigio de la gracia, y
cómo Ella amó como tiernos hijos suyos a todas las criaturas, y por amor de ellos sacrificó la
Vida de su Hijo y Dios, la Redención tuvo mayor importancia y se hizo más accesible a la mente
humana y se formó el Reino de la Redención con sus copiosos efectos. Así que el entrelazar a
mi Madre en la obra de la Redención no fue otra cosa que dar mayor importancia al gran bien
que vine a hacer sobre la tierra. Debiendo Yo ser visible a todos, tomar carne humana, debía
servirme de una criatura de la raza humana, a quien debía sublimar sobre todos para cumplir
mis altos designios.
(4) Ahora, si esto sucedió para formar el Reino de mi Redención sobre la tierra, así también,
debiendo formar el Reino de mi Voluntad es necesario que se conozca otra criatura en la cual
debe tener el origen, el principio, el verdadero reinar de mi Voluntad, quién es ella, cuánto la he
amado, cómo la he sacrificado por todos y por cada uno, en una palabra, todo lo que mi Voluntad
ha dispuesto y derramado en ella. Pero al entrelazarte a ti es siempre mi Voluntad la que resalta,
son caminos y medios para hacerla conocer; son atractivos, incentivos, luces, imanes para atraer
a todos a venir a vivir en este Reino de felicidad, de gracia, de paz, de amor. Por eso deja hacer
a tu Jesús que tanto te ama, y no quieras afligirte, mucho menos preocuparte de cómo desarrollo
el entrelazamiento de mi Voluntad contigo, y piensa sólo en seguir tu vuelo en los eternos
confines de mi Supremo Querer”.
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