avidez lo comerán; todo lo que te digo sobre mi Querer servirá para excitar el apetito y para
hacer que ningún otro alimento tomen, aún a costa de cualquier sacrificio. Si se dijera que un
alimento es bueno, que restituye las fuerzas, que sana a los enfermos, que contiene todos los
gustos, es más, que da la vida, la embellece, la hace feliz, ¿quién no haría cualquier sacrificio
para tomar ese alimento? Así será de mi Voluntad, para hacerla amar, desear, es necesario el
conocimiento, por eso sé atenta, recibe en ti este depósito de mi Querer, a fin de que cual
segunda Madre prepares el alimento a nuestros hijos, así imitarás a mi Mamá. Te costará
también a ti, pero ante mi Voluntad cualquier sacrificio te parecerá nada. Hazla de pequeña, no
desciendas jamás de mis brazos y Yo continuaré narrándote la historia de mi Voluntad”.
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16-33
Noviembre 28, 1923
La recién nacida de la Divina Voluntad. La cruz del Querer Divino
fue la más grande para Jesús. Cada acto opuesto de la voluntad
humana a la Divina era una cruz distinta para Jesús.
(1) Me siento siempre abismada en el Santo Querer de mi Jesús, y me parecía ver mi pequeña
alma como una niña recién nacida, que el bendito Jesús hacía crecer en sus brazos con el
aliento de su Querer, con un celo tal, que no quería que nada viera, que nada sintiera, que nada
tocara, y para hacer que nada la distrajera la tenía absorta con el dulce encanto de sus
enseñanzas sobre su Santísima Voluntad; y la pequeña recién nacida crecía y se nutría con el
aliento del Querer de su Jesús, no sólo esto, sino me cubría con muchas pequeñas cruces de
luz, de modo que mirándome, me veía en cada parte de mí misma impresa una cruz de luz, y
Jesús se divertía, ahora con multiplicar estas cruces, y ahora con querer que estuviera fija, fija
a mirarlo para numerar todas sus palabras, que me servían de alimento y de crecimiento.
Entonces mi Jesús me ha dicho:
(2) “La pequeña hija mía, mi recién nacida de la Divina Voluntad, mi Querer te concibió, te
hizo nacer, y ahora con todo amor te hace crecer. ¿No ves con cuánto amor te tengo en mis
brazos y no permito que tomes otro alimento que el aliento de mi Voluntad? Es la cosa más
bella, más querida, más preciosa que hasta ahora ha salido fuera en la Creación: La recién
nacida de mi Voluntad. Por eso te tendré custodiada con tal celo, que ninguno debe tocar a mi
recién nacida; mi Voluntad será todo para ti: ‘Te será vida, alimento, vestido, ornamento y cruz’,
porque siendo Ella la cosa más grande, sería desdecible para tu Jesús hacer una mezcla de
otras cosas que no sean parto de nuestro Querer, por eso olvida todo, para hacer que otras
aguas no te circunden, ni dentro ni fuera, sino sólo el mar inmenso del Eterno Querer. Quiero
en ti el honor, la nobleza, el decoro de verdadera hija recién nacida de mi Voluntad”.
(3) Entonces, al oír esto, en lugar de alegrarme me sentía morir de confusión, y apenas he
tenido el coraje de decir:
(4) “Jesús, amor mío, soy pequeña, es verdad, lo veo yo misma, pero también soy una
pequeña mala, ¿sin embargo Tú dices todo esto? ¿Cómo puede ser, acaso quieres burlarte?
Sé que muchos te hacen llorar, y para olvidar tu llanto quieres divertirte conmigo haciéndome
estas burlas, y si bien yo siento la confusión de tus burlas, hazlas, y haz que sea la burla de tu
Voluntad”.
(5) Y Jesús estrechándome más fuerte a Él, ha continuado diciendo: “No, no, tu Jesús no se
burla, me divierto, sí, y la señal cierta de que lo que te digo es verdad, son las cruces de luz con
las cuales mi Querer te ha marcado. Debes saber hija mía, que la cruz más grande, más larga,
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