Querer lloró más que una tierna madre, lloró a su hijo lisiado y ciego sólo porque se ha sustraído
de la Voluntad de la madre; mi Querer quería ser el primero en obrar en el hombre, no para otra
cosa sino para darle nuevas sorpresas de amor, de alegrías, de felicidad, de luz, de riquezas,
quería siempre dar, he aquí el por qué quería obrar, pero el hombre quiso hacer su voluntad y
rompió con la Divina; ¡jamás lo hubiese hecho! Mi Querer se retiró y él se precipitó en el abismo
de todos los males. Ahora, para volver a anudar a estas dos voluntades, se necesitaba Uno que
contuviera en Sí una Voluntad Divina, y por eso Yo, Verbo Eterno, amando con un amor eterno
a este hombre, decretamos entre las Divinas Personas que tomara carne humana para venir a
salvarlo y volver a unir las dos voluntades separadas. ¿Pero dónde descender? ¿Quién debía
ser Aquélla que debía prestar su carne a su Creador? He aquí por qué elegimos una criatura, y
en virtud de los méritos previstos del futuro Redentor fue exentada de la culpa de origen, su
querer y el Nuestro fueron uno solo, fue esta Celestial Criatura la que comprendió la historia de
nuestra Voluntad. Nosotros, como a pequeñita, todo le narramos, el dolor de nuestro Querer y
cómo el hombre ingrato con el romper su voluntad con la nuestra, había encerrado nuestro
Querer en el cerco divino, como obstruyéndolo en sus designios, impidiendo que pudiera
comunicarle sus bienes y la finalidad para la que había sido creado. Para Nosotros el dar es
hacernos felices y hacer feliz a quien de Nosotros recibe, es enriquecer sin Nosotros
empobrecer, es dar lo que Nosotros somos por naturaleza y formarlo en la criatura por gracia,
es salir de Nosotros para dar lo que poseemos, con el dar, nuestro Amor se desahoga, nuestro
Querer hace fiesta; ¿si no debíamos dar, para qué formar la Creación? Así que el sólo no poder
dar a nuestros hijos, a nuestras amadas imágenes, era como un luto para nuestra Suprema
Voluntad; sólo con ver al hombre obrar, hablar, caminar, sin la conexión con nuestro Querer,
porque él la había destrozado, y que debían correr hacia él si estaba con Nosotros, corrientes
de gracias, de luz, de santidad, de ciencia, etc., y no pudiéndolo hacer, nuestro Querer se ponía
en actitud de dolor; en cada acto de criatura era un dolor, porque veíamos aquel acto vacío de
valor divino, privado de belleza y de santidad, todo desemejante de nuestros actos. ¡Oh! cómo
comprendió la Celestial Pequeña este nuestro sumo dolor y el gran mal del hombre al sustraerse
de Nuestro Querer, ¡oh! cuántas veces Ella lloró ardientes lágrimas por nuestro dolor y por la
gran desventura del hombre, y por eso Ella, temiendo, no quiso conceder ni siquiera un acto de
vida a su voluntad, por eso se mantuvo pequeña, porque su querer no tuvo vida en Ella, ¿cómo
podía hacerse grande? Pero lo que no hizo Ella lo hizo nuestro Querer, la hizo crecer toda bella,
santa, divina; la enriqueció tanto que la hizo la más grande de todos; era un prodigio de nuestro
Querer, prodigio de gracia, de belleza, de santidad, pero Ella se mantuvo siempre pequeña,
tanto que no descendía jamás de nuestros brazos, y tomando a pecho nuestra defensa
correspondió a todos los actos dolientes del Supremo Querer, y no sólo estaba Ella toda en
orden a nuestra Voluntad, sino que hizo suyos todos los actos de las criaturas, y absorbiendo
en Sí toda nuestra Voluntad rechazada por ellas, la reparó, la amó, y teniéndola como en
depósito en su corazón virginal, preparó el alimento de nuestra Voluntad a todas las criaturas.
¿Ves entonces con qué alimento nutre a sus hijos esta Madre amantísima? Le costó toda su
vida, penas inauditas, la misma Vida de su Hijo, para hacer en Ella el depósito abundante de
este alimento de mi Voluntad, para tenerlo dispuesto para alimentar a todos sus hijos cual Madre
tierna y amorosa; Ella no podía amar más a sus hijos, con darles este alimento su amor había
llegado al último grado, así que entre tantos títulos que Ella tiene, el más bello título que a Ella
se le podría dar es el de Madre y Reina de la Voluntad Divina.
(5) Ahora hija mía, si esto hizo mi Mamá por la obra de la Redención, también tú para la obra
del Fiat Voluntas Tua; tu voluntad no debe tener vida en ti, y haciendo tuyos todos los actos de
mi Voluntad en cada criatura, los depositarás en ti, y mientras a nombre de todos darás la
correspondencia a mi Voluntad, formarás en ti todo el alimento necesario para alimentar a todas
las generaciones con el alimento de mi Voluntad. Cada dicho, cada efecto, cada conocimiento
de más de Ella, será un gusto de más que encontrarán en este alimento, de manera que con
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