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Noviembre 15, 1923
Los bienes que contiene la Divina Voluntad están suspendidos. Fiesta del
Divino Querer. Trabajo de la Reina del Cielo y trabajo de la pequeña
hija del Divino Querer. Cómo era necesario primero la Redención.
(1) Me sentía como abismada en el Santo Querer de Dios, y me parecía que en mi interior, mi
dulce Jesús se deleitaba mucho en mandarme luz, y yo me sentía como eclipsada en aquella
luz. Mi mente la sentía llenar tanto, que no podía contenerla, tanto que he dicho: “Jesús,
corazón mío, ¿no sabes que soy pequeña? No puedo contener lo que Tú quieres poner en mi
inteligencia”.
(2) Y Jesús: “Pequeña hija mía, no temas, tu Jesús te hará beber esta luz de sorbo en sorbo,
a fin de que puedas recibirla y comprenderla. ¿Sabes tú qué significa esta luz? Es la luz de mi
Voluntad, es esa Voluntad Divina rechazada por las otras criaturas, que queriendo venir a reinar
sobre la tierra quiere encontrar quién la reciba, quién la comprenda, quién la ame. Para venir a
reinar quiere encontrar un alma pequeña que se ofrezca a recibir todos los actos que la Suprema
Voluntad había destinado para cada una de las criaturas, para hacerlas felices y santas y para
darles los bienes que Ella contiene. Ahora, esta felicidad, santidad y bienes que la Eterna
Voluntad puso fuera para comunicarlos a la criatura, así como puso fuera toda la Creación,
también están fuera y suspendidos, y si no encuentra quién los reciba para darle todos los
homenajes, honores y el cortejo que las otras criaturas no le han dado, no puede venir a reinar
sobre la tierra. Entonces, tu tarea es abrazar todas las generaciones para recibir todos los actos
de la Suprema Voluntad que las criaturas han rechazado, junto con todos los bienes que Ella
contiene; si no haces esto, mi Eterno Querer no se puede poner en fiesta para venir a reinar,
tendrá las lágrimas del dolor pasado, pues ingratamente fue rechazado, y quien llora no reina,
por eso quiere que los actos de su Querer destinados para cada criatura tengan una reparación,
no sólo eso, sino que con amor se quiera recibir su felicidad y lo que Ella contiene”.
(3) Y yo: “Jesús, amor mío, ¿cómo puedo hacer esto? Soy demasiado pequeña y también
mala, y Tú lo sabes; es más, temo que no pueda hacerlo ni siquiera por mí misma, ¿cómo podré
hacerlo por los demás?”
(4) Y Él de nuevo: “Precisamente por esto te he escogido y te conservo pequeña, para hacer
que nada hagas por ti sola, sino siempre junto Conmigo. Lo sé también Yo, que como pequeña
no eres buena para nada, a lo más para hacerme sonreír con tus naderías, por eso tu Jesús
pensará en todo. Esto es necesario, así como fue necesario que para venir a cumplir la
Redención, una pequeña hija nuestra, cual fue mi Mamá, tomase por su tarea recibir en Ella
todos los actos de nuestra Voluntad rechazados por las criaturas, los hizo suyos, los acogió con
decoro, los amó, los reparó, los correspondió tanto, de llenar todos sus confines, por cuanto a
criatura es posible. Entonces la Divinidad, cuando vio en esta pequeña su Voluntad reintegrada
por la Creación, no sólo por Ella sino por todas las demás, se sintió tan atraída, que a sus tantos
actos de Voluntad por la Creación, emitió el acto más grande, más sublime, más prodigioso:
‘Que esta pequeña fuese aquélla que debía ser elevada a la sola y única dignidad de Madre de
su mismo Creador.’ Jamás habría podido Yo, Verbo Eterno, descender del Cielo si no hubiera
encontrado en Ella mi Voluntad reintegrada, tal como había sido querido por Nosotros que
existiera en la criatura. ¿Cuál fue entonces la causa que me hizo venir sobre la tierra? Mi
Voluntad existente en una pequeña criatura. Qué me importaba a Mí que fuese pequeña, lo que
me interesaba es que mi Voluntad estuviera a salvo en Ella, sin ninguna rotura por parte de su
voluntad humana; salvada la nuestra, todos nuestros derechos eran restituidos, la criatura se
ponía en orden a su Creador, y el Creador quedaba en orden a la criatura. La finalidad de la
Creación ya estaba realizada, entonces fuimos a los hechos, que el Verbo se hiciera carne,
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