Redención, así la segunda, dando la mano a la primera, sea por Ella ayudada para arrancar al
Eterno Amor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra”.
(10) ¿Quién puede decir lo que sucedió? Yo no tengo palabras para saberme explicar, sólo
sé decir que he quedado más humillada y confundida, y casi como una niña caprichosa quería
a mi Jesús para decirle mis temores, mis dudas, y oraba para que alejase de mí todas estas
cosas, que el sólo pensarlas temía que fuera una refinada soberbia, y me diera la gracia de
amarlo de verdad y cumplir en todo su Santísimo Querer. Entonces mi siempre amable Jesús,
regresando de nuevo se hacía ver dentro de mí, y mi persona servía como para cubrirlo dentro
de mí, y sin dejarme hablar me ha dicho:
(11) “Pobre pequeña mía, ¿de qué temes? Ánimo, soy Yo quien haré todo en mi pequeña
hija, tú no harás otra cosa que seguirme fielmente, ¿no es verdad? Tú tienes razón en que eres
demasiado pequeña y no puedes nada, pero Yo haré todo en ti, ¿no ves cómo estoy en ti y tú
no eres otra cosa que la sombra que me cubre? Soy Yo que navegaré en ti los eternos e
interminables confines de mi Querer, Yo que abrazaré todas las generaciones para llevarlas
junto con tu sombra a los pies del Eterno, a fin de que las dos voluntades, la humana y la Divina
se besen juntas, se sonrían y no más se vean entre ellas como extrañas, divididas y con ceño
fruncido, sino que una se funda en la otra y se forme una sola. Es la potencia de tu Jesús que
esto debe hacer, tú no debes hacer otra cosa que adherirte. Lo sé, lo sé, sé que tú eres nada y
puedes nada, por eso te afliges, pero es la potencia de mi brazo que quiere y puede obrar, y me
agrada obrar cosas grandes en los más pequeños. Y además, la Vida de mi Voluntad ya ha
estado sobre la tierra, no es del todo nueva, si bien fue como de pasada, estuvo en mi
inseparable y querida Mamá; si la Vida de mi Voluntad no hubiera estado en Ella, Yo, Verbo
Eterno, no habría podido descender del Cielo, me habría faltado el camino para descender, la
estancia donde entrar, la humanidad para cubrir mi Divinidad, el alimento para nutrirme, me
habría faltado todo, porque todas las demás cosas no son adecuadas para Mí. En cambio, con
encontrar mi Voluntad en mi querida Mamá, Yo encontraba mi mismo Cielo, mis alegrías, mis
contentos; a lo más hice cambio de habitación, del Cielo a la tierra, pero de todo lo demás nada
cambió, lo que tenía en el Cielo, en virtud de mi Voluntad poseída por Ella lo encontraba en la
tierra, y por eso con todo amor ahí descendí a tomar en Ella humana carne. Después mi
Voluntad hizo Vida sobre la tierra en mi Humanidad, en virtud de la cual hice la Redención, no
sólo eso, sino que en virtud de mi Voluntad me extendí sobre todo el obrar de las generaciones
humanas, sellándolo con mis actos divinos, e impetré de mi Celestial Padre no sólo redimir al
hombre, sino que a su tiempo entrara en la gracia de nuestra Voluntad, como cuando fue creado,
para vivir según la finalidad querida por Nosotros, que una fuera la Voluntad del Cielo con la de
la tierra. Por tanto, ya todo fue hecho por Mí, el plano de la Redención y el del Fiat Voluntas
Tua como en el Cielo así en la tierra, no habría sido obra digna de Mí si no hubiera rehabilitado
en todo al hombre como fue creado, habría sido una obra a la mitad, no entera, y tu Jesús no
sabe hacer obras incompletas, a lo más espero siglos para dar el bien completo preparado por
Mí. Entonces, ¿no quieres estar junto Conmigo para dar al hombre la obra que Yo completé
con mi venida a la tierra? Por eso sé atenta y fiel, no temas, te tendré siempre pequeña para
poder completar mayormente mis designios sobre ti”.
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