Voluntad, y donde las otras santidades terminan, la santidad de mi Querer siendo noble y divina,
las tiene por escabel a todas y da a ella su principio, por eso déjame hacer, hazme repetir mi
Vida, y lo que hice en la Redención con tanto amor, ahora con más amor quiero repetirlo en ti,
para dar principio a que mi Voluntad, sus leyes, sean conocidas, pero quiero tu querer unido y
perdido en el Mío”.
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16-29
Noviembre 10, 1923
Cómo es bella la pequeñez. El Señor obra las cosas más grandes
con los pequeños: Para la Redención se sirvió de la pequeñez de la
Santísima Virgen, y para el Fiat Voluntas Tua de la pequeñez de Luisa.
(1) Estaba abandonándome toda en los brazos de mi dulce Jesús, y mientras oraba veía a mi
pobre alma pequeña, pequeña, pero de una pequeñez extrema y pensaba entre mí: “Cómo soy
pequeña, tenía razón Jesús en decirme que yo era la más pequeña de todos, quisiera
verdaderamente saber si entre todos yo soy la más pequeña”. Ahora, mientras esto pensaba,
mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me hacía ver que tomaba en sus brazos a
esta pequeña y se la estrechaba fuerte a su corazón, y ella se dejaba hacer lo que Jesús quería,
y me ha dicho:
(2) “Mi querida pequeñita, te he escogido pequeña porque los pequeños se dejan hacer lo que
se quiere, no caminan por sí mismos, sino que se hacen conducir, es más, tienen miedo de dar
un paso por sí solos; si reciben dones, sintiéndose incapaces de custodiarlos los depositan en
el regazo de la mamá; los pequeños están despojados de todo, no se ocupan de si son ricos o
pobres, no se preocupan de nada. ¡Oh! cómo es bella la edad infantil, llena de gracia, de belleza
y de frescura. Por eso, por cuanto más grande es la obra que quiero realizar en un alma, tanto
más pequeña la escojo, me gusta mucho la frescura y la belleza infantil, me gusta tanto que la
conservo en la pequeñez de la nada, de donde ha salido, nada de propio hago entrar en ella
para no hacerle perder su pequeñez y así conservarle la frescura y la belleza divina, de donde
ha salido”.
(3) Entonces yo al oír esto he dicho: “Jesús, amor mío, me parece que soy muy mala, y por
eso soy tan pequeña, y Tú dices que me amas mucho porque soy pequeña, ¿cómo puede ser?”
(4) Y Jesús de nuevo: “Pequeñita mía, en los verdaderos pequeños no puede entrar la
maldad, ¿sabes tú cuándo comienza a entrar el mal, el crecimiento? Cuando comienza a entrar
el propio querer. A medida que éste entra, la criatura comienza a llenarse y a vivir de sí misma,
y el Todo sale de la pequeñez de la criatura, y a ella le parece que su pequeñez se engrandece,
pero grandeza de llorar, no viviendo Dios del todo en ella, se aparta de su principio, deshonra
su origen, pierde la luz, la belleza, la santidad, la frescura de su Creador, parece que crece ante
sí misma y quizá ante los hombres, pero ante Mí, ¡oh! cómo decrece, tal vez se hará grande,
pero no será jamás mi pequeña predilecta, a la cual, llevado de amor hacia ella porque se
conserva como la he creado, la lleno de Mí y la hago la más grande, a la cual ninguno podrá
igualar. Esto hice con mi Mamá Celestial, entre todas las generaciones Ella es la más pequeña,
porque no entró jamás su querer, como obrante en Ella, sino siempre mi Querer eterno, y esto
no sólo la conservó pequeña, bella, fresca, como había salido de Nosotros, sino que la hizo la
más grande de todos. ¡Oh! cómo era bella, pequeña por sí misma, grande, superior a todos en
virtud nuestra, y fue sólo por su pequeñez por lo que fue elevada hasta la altura de Madre de
Aquél que la formó. Así que, como ves, todo el bien del hombre es hacer mi Voluntad, todo el
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