(8) Y yo al oír esto he dicho: “¡Ay! amor mío, Jesús, a pesar de esto me siento tan mal por
todas estas circunstancias, y Tú lo sabes; es verdad que esto me sirve para abandonarme más
en tus brazos y pedirte a Ti lo que no me dan; pero con todo y esto siento un hálito de turbación
que turba la paz de mi alma, ¿y Tú dices que quieres formar Vida real en mí? ¡Oh, cuán lejana
estoy de eso!”
(9) Y Jesús de nuevo: “Hija, no te preocupes por eso, lo que quiero es que tú no pongas nada
de lo tuyo y que obedezcas por cuanto puedas. Se sabe que todas las demás santidades, esto
es, la de la obediencia y de las otras virtudes, no están exentas de pequeñeces, de turbaciones,
de contiendas y de pérdida de tiempo que impiden formar un hermoso sol, a lo más forman una
pequeña estrella; sólo la santidad de mi Querer es la que está exenta de estas miserias. Y
además, mi Voluntad encierra todos los Sacramentos y los efectos de ellos, por eso abandónate
del todo en mi Voluntad, hazla toda tuya y recibirás los efectos de la absolución o de alguna otra
cosa que te fuera negada. Por tanto te recomiendo que no pierdas tiempo, pues con perderlo
vienes a obstaculizar mi Vida real que estoy formando en ti”.
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16-28
Noviembre 8, 1923
Así como Jesús al venir a la tierra abolió y perfeccionó las
leyes antiguas para establecer las nuevas, así ahora con
la santidad del “Fiat Voluntas Tua”.
(1) Sus privaciones continúan, a lo más viene como relámpago fugitivo, que mientras parece
que quiera hacer luz, se queda uno más a oscuras que antes. Ahora, mientras nadaba en la
amargura de su privación, mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior todo ocupado en escribir,
no con pluma, sino con su dedo, que enviando rayos de luz, le servía esa luz como pluma para
escribir en el fondo de mi alma; yo le quería decir quién sabe cuántas cosas de mi pobre alma,
pero Él, llevándose el dedo a la boca me hacía comprender que me callara, que no quería ser
distraído. Entonces, después de que ha terminado me ha dicho:
(2) “Hija de mi Supremo Querer, estoy escribiendo en tu alma la ley de mi Voluntad y el bien
que Ella lleva. Primero quiero escribirla en tu alma, y luego poco a poco te la explicaré”.
(3) Y Yo: “Mi Jesús, quiero decirte el estado de mi alma, ¡oh! cómo me siento mal, dime, ¿por
qué me dejas? ¿Qué debería hacer para no perderte?”
(4) Y Jesús: “No te aflijas hija mía. Tú debes saber que cuando vine a la tierra, vine a abolir
las leyes antiguas, otras a perfeccionarlas, pero con abolirlas no me exenté de observar aquellas
leyes, es más, las observé en el modo más perfecto, como no lo hacían los demás, pero
debiendo unir en Mí lo antiguo y lo nuevo, quise observarlas para dar cumplimiento a las leyes
antiguas, poniéndoles el sello de la abolición y dar principio a la ley nueva que vine a establecer
sobre la tierra, ley de gracia y de amor, en la cual encerraba todos los sacrificios en Mí, debiendo
ser Yo el verdadero y el único sacrificado, por tanto todos los demás sacrificios no eran más
necesarios, porque siendo Yo Hombre y Dios, era más que suficiente para satisfacer por todos.
(5) Ahora querida hija mía, queriendo hacer de ti una imagen más perfecta de Mí y dar principio
a una santidad tan noble y Divina, cual es el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra,
quiero concentrar en ti todos los estados de ánimo que han habido hasta ahora en el camino de
la santidad, y a medida que los pasas y los sufres, haciéndolo en mi Querer, Yo les doy el
cumplimiento, los corono y embelleciéndolos les pongo el sello. Todo debe terminar en mi