Voluntad debe ser filtrado en la luz purísima de Ella? Y ser filtrado es más que ser puesto bajo
una prensa, porque la prensa, si bien hace todo pedazos, pero deja todo junto, cáscaras y pulpa,
las cuales, precipitándose abajo hacen quedar siempre algo de turbio. En cambio, cuando una
cosa es filtrada, en especial si es filtrada por la fina luz de mi Voluntad, no hay peligro de que
haga depósito de alguna cosa turbia, sino que todo es claro, semejante a la claridad de la luz en
la cual ha sido filtrada, y esto es un gran honor para el alma que vive en mi Querer, que todo lo
que hace, si piensa, si habla, si ama, etc., mi Voluntad toma el trabajo de filtrarlo en su purísima
luz, y esto es necesario, a fin de que en todo lo que haga no haya ninguna distinción con lo que
Nosotros hacemos, sino que todas las cosas se deben dar entre ellas la mano y la semejanza”.
(3) Ahora, mientras esto decía, me he encontrado fuera de mí misma, dentro de un jardín, y
yo, cansada, me he sentado bajo un árbol para descansar, pero los rayos del sol me dardeaban
de tal manera que me sentía quemar, y quería irme bajo otro árbol más tupido, que hiciera más
sombra, a fin de que el sol no me quemara, pero una voz (me parece que era mi querido Jesús)
me lo ha impedido diciéndome:
(4) “Quien vive en mi Voluntad debe estar expuesto a los rayos de un sol ardiente y eterno
para vivir de luz, para no ver otra cosa que luz, para no tocar sino luz, y esto lleva a la deificación
del alma; entonces se puede decir que el alma vive en mi Voluntad, cuando queda toda deificada
en Dios. Más bien, sal de debajo de ese árbol y pasea en este edén celestial de mi Querer, a
fin de que el sol, invadiéndote toda te convierta en luz y te dé la última pincelada de la deificación
en Dios”.
(5) Yo me he puesto a pasear, pero mientras esto hacía la obediencia me ha llamado en mí
misma.
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16-27
Noviembre 5, 1923
Los actos hechos en el Divino Querer forman los accidentes que
aprisionan a Jesús en el alma, y forman en ella su Vida real.
(1) Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús, con la añadidura de que el confesor,
como no había yo tenido la confianza de abrirme con él y porque soy mala, me había negado la
absolución. Después, habiendo recibido la Santa Comunión, me abandonaba en brazos de mi
dulcísimo Jesús y le decía:
(2) “Amor mío, ayúdame, no me abandones, Tú sabes en qué estado me encuentro por tu
privación, no obstante por parte de las criaturas, en vez de ayuda agregan penas a penas, así
que sin Ti no tengo a nadie, o Contigo o sola a llorar mi dura suerte de haberte perdido. Esto
debería incitarte mayormente a no dejarme sola, al menos para hacer compañía a una pobre
abandonada que vive muriendo en su duro exilio, por eso Tú que eres el Sumo entre los
sacerdotes, dame Tú la absolución, dime que me perdonas las culpas que hay en mi alma,
hazme oír tu voz dulcísima que me da vida y perdón”. Mientras desahogaba mi dolor con Jesús,
se ha hecho ver en mi interior, y los velos sacramentales formaban como un espejo en el cual
Jesús estaba dentro, vivo y verdadero; y mi dulce Jesús me ha dicho:
(3) “Hija mía, este espejo son los accidentes del pan que me tienen aprisionado en ellos. Yo
formo mi Vida en la hostia, pero ella nada me da, ni un afecto, ni un latido, ni el más pequeño ‘te
amo’, ella está como muerta para Mí, permanezco solo, sin la sombra de alguna
correspondencia, y por eso mi amor está casi impaciente por salir, por romper este espejo y
bajar a los corazones, para encontrar en ellos la correspondencia que la hostia ni sabe ni puede