(2) “Hija mía, ¿cómo puedo dejarte si en tu alma está aprisionada mi Voluntad, y dando vida
a todos tus actos desarrolla su Vida como en su propio centro? Así que en un punto de la tierra
está ya mi Vida. ¡Ah! si no estuviera esta Vida mía sobre la tierra, mi justicia se desahogaría
con tal furor de aniquilarla”.
(3) Yo al oír esto he dicho: “Mi Jesús, tu Voluntad está por todas partes, no hay punto en
donde no se encuentre, ¿y Tú dices que está aprisionada en mí?”
(4) Y Jesús: “Ciertamente que está en todas partes con su inmensidad, con su omnividencia
y con su potencia, y cual Reina todo a Sí somete, no dejando escapar a nadie de su imperio,
pero como Vida, en la cual la criatura forme la suya, para desarrollar la suya en la Vida de mi
Voluntad y formar una Vida de la Divina Voluntad sobre la tierra, no existe. Para muchos mi
Voluntad, no haciéndola, es como si no existiera, sucede como si alguien tuviera agua en su
propia estancia y no la bebe, el fuego y no se acercara a calentarse, el pan y no lo come, con
todo y que tenga consigo estos elementos que pueden dar vida al hombre, no tomándolos puede
morir de sed, de frío y de hambre; otros los toman muy raras veces y son débiles y enfermos,
otros todos los días, y éstos son sanos y robustos, así que todo está, cuando se posee un bien,
en si la voluntad humana lo quiere tomar y el modo como lo quiere tomar, y según lo va usando
así va recibiendo los efectos. Así es de mi Voluntad, para hacerse vida del alma ella debe hacer
desaparecer la propia voluntad en la mía, su querer no debe existir más, mi Voluntad debe entrar
en todos sus actos como acto primero, la cuál se dará al alma, ahora como agua para quitarle
la sed con sus aguas divinas y celestiales; ahora como fuego, no solo para calentarla sino para
destruir en ella todo lo que es humano, y reedificar en ella la Vida de mi Voluntad; y ahora como
alimento para alimentarla y hacerla fuerte y robusta. ¡Oh! cómo es difícil encontrar una criatura
que ceda todos sus derechos para dar sólo a mi Querer el derecho de reinar; casi todos quieren
reservarse alguna cosa del propio querer, y por eso mi Voluntad, no reinando completamente
en ellas, no puede formar su Vida en todas las criaturas”.
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16-24
Octubre 16, 1923
Para que la Divina Voluntad descienda a la tierra, es necesario que
la voluntad humana suba al Cielo, y para subir al Cielo es necesario
vaciarla de todo lo que es humano.
(1) El dolor de la privación de mi Jesús se concentra más en mi pobre corazón. ¡Qué largas
noches sin Él, sin Jesús me parecen noches eternas, sin estrellas y sin sol, sólo me queda su
amable Querer donde me abandono y encuentro mi reposo en las densas tinieblas que me
circundan. ¡Ah Jesús, Jesús, ven a mi desgarrado corazón, pues no puedo más sin Ti!
Entonces, mientras nadaba en el mar inmenso del dolor de su privación, mi Jesús se ha movido
dentro de mi interior, y tomándome las manos en las suyas se las ha estrechado fuerte a su
corazón y me ha dicho:
(2) “Hija mía, para descender mi Voluntad a la tierra, es necesario que tu voluntad suba al
Cielo, y para subir al Cielo y vivir en la patria celestial es necesario vaciarla de todo lo que es
humano, de todo lo que no es santo, puro y recto. Nada entra en el Cielo a hacer vida común
con Nosotros, si no es todo divinizado y transformado todo en Nosotros; ni mi Voluntad Divina
puede descender a la tierra y desarrollar su Vida como en su propio centro, si no encuentra la
voluntad humana vacía de todo, para llenarla de todos los bienes que mi Querer contiene. Ella
no será otra cosa que un velo sutilísimo que me servirá para cubrirme y habitar dentro, casi