ardientes rayos sobre todos, y nosotros, la Creación toda con girarle alrededor gozamos de su
luz y recibimos parte de los efectos y bienes que contiene el sol. Ahora, ¿cuántos seres giran
alrededor del Sol Divino? Todos: todos los ángeles, los santos, los hombres, todas las cosas
creadas, la misma Mamá Reina, ¿no tiene acaso el primer giro, que rápidamente girando
alrededor de Él absorbe todos los reflejos del Sol Eterno? Ahora, mientras esto pensaba, mi
Divino Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome toda a Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, fue precisamente ésta la finalidad para la cual creé al hombre, para que me
girara siempre alrededor, y Yo, como Sol, estando en el centro de su giro debía hacer reflejar
en él mi luz, mi amor, mi semejanza y toda mi felicidad; a cada giro suyo debía darle siempre
nuevos contentos, nueva belleza y flechas más ardientes.
(3) Antes que el hombre pecase mi Divinidad no estaba oculta al hombre, porque con girarme
en torno, él era mi reflejo, por tanto era la pequeña luz, era entonces como connatural que siendo
Yo el gran Sol, la pequeña luz pudiera recibir los reflejos de la mía; en cuanto pecó se detuvo
de girarme en torno, su pequeña luz se oscureció, se volvió ciego y perdió la luz para poder ver
en carne mortal mi Divinidad, por cuanto la criatura es capaz, tanto, que al venir a redimir al
hombre tomé carne mortal para hacerme ver, no sólo porque junto con la carne el hombre había
pecado, y Yo junto con la carne debía expiar, sino porque le faltaban los ojos para poder ver mi
Divinidad, tan es cierto, que mi Divinidad que habitaba en mi Humanidad, como relámpagos y a
gotas pudo hacer apenas salir algún rayo de luz de mi Divinidad. Mira entonces qué gran mal
es el pecado, es perder el hombre su giro en torno a su Creador, es anular la finalidad de su
creación, es cambiarse de luz en tinieblas, de bello en horrible, es un mal tan grande, que con
toda mi Redención no pude restituirle los ojos para poder ver en carne mortal a mi Divinidad,
sino sólo cuando esta carne del hombre, deshecha, pulverizada por la muerte, resucite de nuevo
en el día del juicio. ¿Qué sucedería si la Creación toda pudiera faltar a su giro en torno al sol?
Todas las cosas se trastornarían, perderían la luz, la armonía, la belleza, una cosa chocaría con
la otra, y a pesar de que hubiera sol, no girando alrededor de él, el sol estaría para toda la
creación como muerto. Ahora, el hombre con el pecado original perdió su giro alrededor de su
Creador y por eso perdió el orden, el dominio de sí mismo, la luz, y cada vez que peca, no sólo
no gira en torno a su Dios, sino que ni siquiera en torno a los bienes de la Redención, que como
nuevo sol vino a traerle el perdón y la salvación. ¿Pero sabes tú quién no se detiene jamás en
su giro? El alma que hace y vive en mi Voluntad, ella corre siempre, no se detiene jamás y
recibe todos los reflejos de mi Humanidad, y también los rayos de luz de mi Divinidad”.
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16-22
Septiembre 21, 1923
Pruebas del alma. Justicia que hace en ella Nuestro Señor.
El cerco de la Divina Voluntad y cómo es necesario mirar
hacia dentro de este cerco.
(1) Me sentía muy amargada por la privación de mi dulce Jesús; me parecía que todo había
terminado, casi sin más esperanza de que volviera a su pequeña y pobre exiliada. El corazón
me lo sentía romper por el dolor, pensando que no podría ver más a Aquél que habiendo vivido
junto conmigo formaba mi misma vida, y ahora mi vida desaparecida y dividida en mí. Jesús
mío, cómo es que tan brutalmente me matas, sin Ti siento las penas del infierno, que mientras
muero estoy obligada a vivir. Ahora, mientras me encontraba en este estado tan doloroso, mi