fatigas? Si no trabaja su terreno, a pesar de que lo posee se puede decir que no tendrá con qué
quitarse el hambre, así que no es el poseer lo que hace rico y feliz al hombre, sino el saber
cultivar bien lo que posee. Así son mis gracias, mis dones, especialmente mi Voluntad que cual
Reina he puesto en ti, quiere el alimento de ti, quiere el trabajo de tus penas, de tus actos, quiere
que en cada cosa, tu voluntad toda sometida a la suya le dé los honores y el cortejo que como
a Reina conviene, y Ella en cada cosa que hagas o sufras tendrá dispuesto el alimento con qué
nutrir tu alma. Y así tú por una parte y mi Voluntad por la otra, alargaréis los confines de mi
Suprema Voluntad en ti”.
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16-18
Septiembre 2, 1923
Privación de Jesús y otras penas. Amenazas de guerras.
(1) Me sentía muy amargada por la privación de mi adorable Jesús, mucho más que
haciéndose ver como relámpago me hacía salir fuera de mí misma, y mientras Él rápidamente
huía me veía obligada a ver cosas trágicas y funestas, ruidos de guerras, como si quisieran
comprometer a Italia; jefes de gobierno que acercándose a otros jefes ofrecían sumas de dinero
para hacerlos caer en los lazos de la guerra. Desde el mes de enero de este año, estando un
día muy sufriente, Jesús me había dicho que me hacía sufrir para dar luz a las naciones, porque
queriendo hacer la guerra querían arrastrar a otras, ofreciendo grandes sumas para atraerlas a
ellas; ahora me parece que agregan otros esfuerzos para obtener su intento. ¡Qué dolor, salir
fuera de mí misma, ver gentes que sufren, ver armar otro campo de guerra y no tener a mi Jesús
junto conmigo para decirle una palabra, para arrancarle aun a costa de penas, misericordia para
la desventurada humanidad! Y así he pasado bastantes días en este estado, mi corazón no
podía ya más, no sólo sentía la pena de estar casi privada de mi Jesús, sino también otra pena,
tan dura que yo misma no la sé manifestar. Por eso, en cuanto se ha hecho ver que
estrechándose a mi corazón buscaba reposo y refugio, pues no podía más, yo lo he estrechado
y le he dicho:
(2) “Vida mía, Jesús, dime, ¿en qué te he ofendido que no vienes? ¿Qué es esta otra pena
además de la de tu privación que me lacera y me divide de Ti?
(3) Y Jesús todo afligido me ha dicho: “Hija mía, ¿acaso has puesto en alguna cosa la
voluntad de ofenderme, pues temes que me haya sustraído de ti?”
(4) Y yo: “No mi Jesús, quiero morir antes que desagradarte”.
(5) Y Jesús: “Pues bien, una hija que ha estado siempre con su padre debe ser atenta en
conocer los secretos, los modos, las causas de cómo trata con ella. ¿Tanto tiempo hace que
estoy contigo y no comprendes aún las causas que me obligan a sustraerme? Pero si tú las has
comprendido también por los graves males que has visto cuando como relámpago he venido a
ti, y sacándote fuera de ti misma te dejaba sola a recorrer la tierra, ¿cuántas cosas trágicas no
has visto? Y además de esto, los grandes preparativos de guerra que están haciendo las
naciones; el año pasado Francia, con moverse contra Alemania sonó la primera campanada;
Italia, con moverse contra Grecia, ha sonado la segunda campanada de guerra, luego vendrá
otra nación que sonará la tercera para llamarlas al combate. ¡Qué perfidia, qué obstinación! Por
eso mi Justicia, no pudiendo soportar más tanta obstinación, me obliga a sustraerme de ti para
quedar libre en su curso; y la pena que tú sientes en tu corazón, además de la de mi privación,
no es otra cosa que la pena de la humanidad dividida de Mí; cierto que es una pena horrible,
tanto que mi corazón se estremeció y agonizó, y ahora, por los vínculos que tienes Conmigo
quedas vinculada con toda la familia humana, y estás obligada a sentir tú esta pena, que las