oculta en la nube de luz de la Divina Voluntad, tanto que los mismos santos han dado de ellos
aparentemente más, haciendo cosas más estrepitosas que mi misma Mamá, no obstante, ¿qué
cosa son los más grandes santos ante mi Celestial Mamá? Son apenas las pequeñas estrellas
comparadas con el gran sol, y si quedan iluminadas, la causa es el sol. Pero a pesar de que no
hacía cosas estrepitosas, no cesaba, aun visiblemente, de ser majestuosa y bella, rozando
apenas la tierra, toda ocupada en aquél Querer Eterno que con tanto amor y violencia atraía,
raptaba, para transportarlo del Cielo a la tierra y que la humana familia había tan brutalmente
exiliado hasta el Empíreo. Y Ella, con su interior todo ordenado en el Divino Querer, no daba
tiempo al tiempo, si pensaba, si latía, si respiraba, y todo lo que hacía, eran vínculos fascinantes
para atraer el Verbo Eterno a la tierra, y en efecto venció e hizo el más grande milagro, que
ningún otro puede hacer. Esta es tu tarea hija mía, fascinarme, vincularme tanto con tu interior
todo reordenado en el Supremo Querer, para transportarlo del Cielo a la tierra, a fin de que sea
conocido y tenga vida como en el Cielo así en la tierra. De todo lo demás no te des ni un
pensamiento, quien debe hacer lo más no es necesario que haga lo menos; más bien así se da
el campo a que los demás hagan lo menos para dar a todos el trabajo; Yo sé cuándo es
necesario, el tiempo, el lugar, las personas, cuándo debo hacer conocer, aun con prodigios
externos, mis obras más grandes. Tú sigue siempre el vuelo en mi Querer, llenando Cielo y
tierra, para fascinarme tanto que no pueda resistir a hacer el más grande milagro: Que mi Querer
reine en medio de las criaturas”.
+ + + +
16-17
Agosto 28, 1923
No basta poseer, sino se requiere cultivar y custodiar lo que se posee.
(1) Me sentía sumamente afligida por la privación de mi dulce Jesús, por cuanto lo llamaba y
rogaba, no se dignaba regresar a su pequeña exiliada de acá abajo. ¡Ay, cómo es duro mi exilio!
Mi pobre corazón agonizaba por la pena que sentía, porque Aquél que forma su vida estaba
lejano de mí; pero mientras suspiraba su regreso, ha venido el confesor, y Jesús, precisamente
entonces, después de tanto esperar se ha movido en mi interior, estrechándome fuerte el
corazón se hacía ver y yo le he dicho:
(2) “Mi Jesús, ¿no podías haber venido antes? Ahora debo obedecer; si te parece bien
vendrás cuando te reciba en el Santísimo Sacramento, entonces quedaremos solos otra vez y
estaremos libres para poder estarnos juntos”.
(3) Y Jesús con un aspecto digno y descuidado me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿quieres tú que destruya el orden de mi Sabiduría y que quite esa potestad dada
a mi Iglesia?”
(5) Y mientras esto decía me hacía participar en sus penas. Después le he dicho:
(6) “Pero dime amor mío, ¿por qué no vienes? Me has hecho esperar tanto, casi hasta
hacerme perder la esperanza de tu regreso, y mi pobre corazón, por la pena, se debate entre la
vida y la muerte”.
(7) Y Jesús todo bondad: “Hija mía, habiendo puesto en ti la propiedad de mi Querer, quiero
que no sólo sea poseído por ti, sino que lo sepas conservar bien, cultivar, agrandar, de manera
de multiplicarlo; así que las penas, las mortificaciones, la vigilancia, la paciencia, y hasta mi
misma privación sirven para agrandar y custodiar los confines de mi Voluntad en tu alma. No
basta el poseer, sino saber poseer; ¿de qué le sirve al hombre poseer una propiedad si no se
toma el cuidado de sembrarla, cultivarla, custodiarla, para después recoger los frutos de sus
957 sig