es salvar mi alma, y Jesús sólo me basta para salvarme, todo lo demás es nada”. Entonces
Jesús me ha tocado la frente, no he podido resistir más, y la luz entraba en mí y decía:
(2) “Hija mía, quien es llamado a un oficio debe conocer los secretos, la importancia, los
deberes, los bienes, el fundador y todo lo que a ese oficio pertenece. Has de saber que una
simple criatura rompió las relaciones que existían entre la Voluntad Divina y la criatura, esta
ruptura destruyó los planes que la Divinidad tenía en la creación del hombre; ahora, a otra simple
criatura, si bien dotada de tantas gracias y privilegios, cual fue la Virgen, Reina de todos, pero
siempre pura criatura, le fue dado el oficio de tener que reanudar, cimentar y ponerse en
relaciones con la Voluntad de su Creador para reparar la primera ruptura de aquella primera
criatura; mujer la primera, mujer la segunda. Fue propiamente Ella, que con vincular su querer
al nuestro nos restituyó el honor, el decoro, la sujeción, los derechos de la Creación; ¿no fue
una sola criatura la que tuvo el inicio del mal y la que formó el germen de la ruina de todas las
generaciones? Así, esta sola Criatura Celestial tuvo el inicio del bien, con ponerse en relación
con la Voluntad de su Creador formó el germen de aquel Fiat Eterno que debía ser la salvación,
la santidad, el bienestar de todos. Ahora, esta Celestial Criatura, conforme crecía, así crecía en
Ella el germen de aquel Fiat Eterno, que haciéndose árbol, el Verbo Eterno se sintió raptado a
reposarse bajo la sombra de su Eterno Querer, y quedó concebido, formando su Humanidad en
aquel seno virginal, en el cual reinaba como Rey dominante su Supremo Querer. Mira entonces
como todos los bienes descienden de mi Supremo Querer, y todos los males salen en campo
cuando la criatura se sustrae de la Voluntad Divina. Entonces, si no hubiera encontrado una
criatura que tuviese por vida mi Querer, y que no se hubiera puesto en relación Conmigo con
aquellos vínculos de la Creación queridos por Mí, no habría querido ni podido descender del
Cielo y tomar carne humana para salvar al hombre, así que mi Mamá fue el inicio, el origen, el
germen del “Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra”; porque una criatura lo había
destruido, era justo que otra criatura debía reedificarlo. Y mi Humanidad, que jamás se separó
de mi Divinidad, sobre este germen de mi mismo Querer que encontré en mi Divina Madre formé
el gran plano de la voluntad humana en la Divina Voluntad; con mi voluntad humana unida a la
Divina no hubo acto humano que no pusiera en relación con el Querer Supremo; con el Querer
Divino estaba al día de todos los actos de todas las generaciones, con el querer humano los iba
reparando y los vinculaba con el Eterno Querer; no hubo acto que me escapara y que no fuera
ordenado por Mí en la luz purísima de la Suprema Voluntad. La Redención, podría decir que
me costó poco, habrían bastado mi Vida externa, las penas de mi Pasión, mis ejemplos, mi
palabra, y la habría hecho en muy poco tiempo; pero para formar el gran plano de la voluntad
humana en la Divina, para unir todas las relaciones y vínculos por ella rotos, debí poner todo mi
interior, toda mi Vida oculta, todas mis penas íntimas, que son de más duración y más intensas
que mis penas externas, y que aún no son conocidas; basta decir que no era el solo perdón lo
que impetraba, la remisión de las culpas, el refugio, la salvación, la defensa en los graves
peligros de la vida del hombre, como lo impetré en mi Pasión, sino era el resurgimiento de todo
el interior, debía hacer surgir ese Sol del Querer Eterno, que atando con fuerza raptora todo el
interior del hombre, aun las más íntimas fibras, debía conducirlo al seno de mi Padre Celestial
como renacido en su Eterno Querer. ¡Oh! cómo me fue más fácil conseguirle la salvación que
reordenarle su interior en mi Supremo Querer, y si esto no lo hubiera hecho, la Redención no
habría estado completa, ni hubiera sido obra digna de un Dios, ni habría ajustado ni ordenado
todas las partidas del hombre, ni restituido aquella santidad perdida con haberse sustraído y roto
las relaciones con la Divina Voluntad. El plano está ya hecho, pero para hacerlo conocer era
necesario que primero el hombre conociera que con mi Vida y Pasión podía obtener el perdón
y la salvación, para disponerlo a hacerle conocer cómo le había conseguido la cosa más grande
y más importante, que es el resurgimiento de su querer en el mío, para restituirle su nobleza, las
relaciones rotas con mi Voluntad, y con esto su estado de origen.
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