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16-12
Agosto 5, 1923
Para cumplir la Redención, Jesús abrió las puertas de la Voluntad Suprema.
Así para cumplir el Fiat Voluntas Tua, abre de nuevo las puertas de su Voluntad.
(1) Estaba toda fundiéndome en el Santo Querer de Dios, y mi dulce Jesús invistiéndome de
una luz suprema me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Humanidad, por cuán santa y pura, si mi Voluntad Suprema no le hubiera
dado la entrada a mi voluntad humana en la Voluntad Divina, no habría podido formar la
completa Redención. A mi voluntad humana le habría faltado la omnividencia, y por lo tanto no
habría podido ver a todos; le hubiera faltado la inmensidad, y no habría podido abrazar a todos;
la omnipotencia, y no habría podido salvar a todos; la eternidad, y no habría podido tomar todo
como en un punto solo y remediar todo. Así que la primera parte en la Redención la tuvo mi
Divina Voluntad, la segunda, mi Humanidad; si no fuera por la Voluntad Divina, la Redención
hubiera sido de pocos y limitada en el tiempo, porque faltándome la luz de la omnividencia, que
hace conocer a todos, no habría podido extenderme a todos. Así que para poder formar la
Redención, no hice otra cosa que abrir las puertas de la Voluntad Suprema a mi Humanidad,
puertas que el primer hombre había cerrado, y dándole campo libre la hice obrar la Redención
propiamente en el seno de Ella. Desde entonces hasta ahora ningún otro ha entrado en mi
Querer Divino para poder obrar como dueño, con plena libertad, como si fuera suyo, para poder
gozar de todo el poder y los bienes que Ella contiene. Mi Voluntad es en Mí como el alma al
cuerpo, y si para los santos ha sido la gracia más grande el hacer mi Voluntad, la cual como a
reflejos ha entrado en ellos, ¿qué será no sólo recibir los reflejos sino entrar dentro de Ella y
gozar de toda su plenitud?
(3) Ahora, si para formar la Redención fue necesario que mi Humanidad y voluntad humana
tuvieran entrada en esta Divina Voluntad, así ahora es necesario que para el cumplimiento del
Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, abra de nuevo las puertas de la Voluntad
eterna y haga entrar a otra criatura, y dándole campo libre la haga hacer desde el más grande
al más pequeño acto de ella en la omnividencia, inmensidad y potencia de mi Voluntad. A
medida que entres en Ella y emitas tus pensamientos, tus palabras, obras, pasos, reparaciones,
penas, amor, agradecimientos, así el Querer Supremo acuñará todos tus actos y recibirán la
imagen Divina, con el valor de actos divinos, que siendo infinitos pueden suplir por todos, llegar
a todos, y tener tal ascendencia sobre la Divinidad, de hacer descender a la tierra esta Suprema
Voluntad y llevar los bienes que Ella contiene. Sucederá como al metal, al oro, a la plata, hasta
en tanto que no está acuñada la imagen del rey no se le puede dar el valor de moneda, pero en
cuanto queda acuñada adquiere el valor de moneda y corre por todo el reino, y no hay ciudad,
pueblo, lugar importante donde no goce su prestigio de moneda, y no hay criatura que pueda
vivir sin ella; podrá ser su metal vil o precioso, esto no importa, con tal que esté impresa en ella
la imagen del rey ella corre por todo el reino y goza de la supremacía sobre todos y se hace
amar y respetar por todos. Así, todo lo que el alma hace en mi Querer, estando acuñada en ello
la imagen divina, corre en el Cielo y en la tierra, tiene la supremacía sobre todos, no se niega a
darse a quien lo quiere, no hay punto donde no se goce de sus benéficos efectos”.
(4) Ahora, mientras esto decía hemos rezado juntos, y Jesús hacía entrar mi inteligencia en
su Voluntad, y juntos hemos ofrecido a la Majestad Suprema el homenaje, la gloria, la sumisión,
la adoración de todas las inteligencias creadas. Al contacto de la Voluntad Suprema en los
homenajes, en las adoraciones, quedaba impresa una imagen divina, y se difundían sobre todas
las inteligencias creadas como tantos mensajeros hablantes, que se ponían en orden en la