(2) “Hija mía, mi Voluntad contiene todo mi Ser, y quien en sí la posee, me posee a Mí más
que si tuviera mi continua presencia, porque mi Voluntad penetra dondequiera, en las más
íntimas fibras; cuenta los latidos, los pensamientos, se hace vida de la parte más bella de la
criatura, esto es, de su interior, del cual brotan como de una fuente las obras externas,
volviéndola inseparable de Mí; mientras que mi presencia, si no encuentra mi Voluntad en el
alma, no puede ser vida de todo su interior, y ella queda como dividida de Mí, ¿cuántas almas
después de haber gozado de mis favores y de mi presencia, no estando en ellas la plenitud de
mi Voluntad, su luz, su santidad, se han engolfado de nuevo en la culpa, han tomado parte en
los placeres, se han separado de Mí porque no estaba en ellas esa Voluntad Divina que vuelve
al alma intangible de cualquier culpa, aun mínima, por eso las obras más puras, más santas,
más grandes, son formadas en quien posee toda la plenitud de mi Voluntad. Mira, también en
la criatura la supremacía la tiene su voluntad, así que si está ésta tiene vida, y si ésta no está,
parece como un árbol que mientras tiene tronco, ramas, hojas, está sin fruto; la voluntad en la
criatura no es pensamiento, pero da la vida a la actitud de la mente; no es ojo, pero da la vida a
la mirada, porque si tiene voluntad el ojo quiere ver, quiere conocer las cosas, de otro modo es
como si el ojo no tuviera vida; no es palabra, pero da vida a cada una de las palabras; no es
mano, pero da vida a la acción; no es paso, pero da vida al paso; no es amor, deseo, afecto,
pero da vida al amor, al deseo, al afecto. Pero esto no es todo, mientras es vida de todos los
actos humanos, con el cumplirlos la criatura queda despojada de sus mismos actos, como el
árbol cargado de frutos queda despojado por las manos de quien los toma; en cambio, en la
voluntad quedan como selladas las miradas que ha dado, los pensamientos que ha formado, las
palabras que ha dicho, las acciones que ha hecho; así que la mano ha obrado, pero su acción
no queda en sus manos, pasa más allá y quién sabe a donde va, pero en la voluntad queda, por
eso todo queda escrito, formado, sellado en la voluntad humana, y si esto pasa en la voluntad
humana sólo porque he puesto el germen, la semejanza de la mía, piensa tú misma cómo será
la mía en Mí mismo, y cómo será si la criatura se hace poseer de mi Voluntad”.
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16-9
Julio 27, 1923
Jesús hace el depósito de los bienes, efectos, prodigios, conocimientos que
contiene su Voluntad en una criatura, para después darlos a las demás.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver en modo maravilloso, Él estaba de pie sobre mi
corazón, había puesto dos astas sobre las cuales había formado un arco, y en medio había
fijado una ruedita con dos cuerdas, una a la derecha y otra a la izquierda, y colgada una cubeta;
y Jesús con toda prisa hacía descender la cubeta en mi corazón, la sacaba llena de agua y la
derramaba en el mundo, sacaba y derramaba en modo tal de inundar la tierra. Era deleitable
ver a Jesús como afanarse, chorrear sudor por el trabajo que hacía al sacar tanta agua.
Entonces pensaba entre mí: “¿Cómo es que sale tanta agua de mi corazón, si es tan pequeño?
¿Y cuándo me la ha puesto?” Entonces el bendito Jesús me hacía comprender que todo ese
aparato no era otra cosa que su Voluntad, que con tanta bondad había obrado en mí; el agua
que sacaba eran todas las palabras y enseñanzas sobre su adorable Voluntad, que como en
depósito había puesto en mi corazón, que más que agua, queriendo regar la Iglesia para darle
el conocimiento de su Voluntad, la sacaba para hacer que se cumpla como Él quiere. Y luego
me ha dicho:
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