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Julio 17, 1923
Jesús pone en el alma de Luisa tres columnas para apoyarse.
(1) Me sentía muy afligida por la privación de mi adorable Jesús, y si se hace ver está todo
taciturno. Entonces, esta mañana se dejaba ver en mi interior en medio de dos columnas, y
estaba formando una tercera en medio a éstas, y ahora se apoyaba en una, y ahora en la otra,
y ahora en la columna de en medio que estaba construyendo. Y sorprendida le he dicho: “Amor
mío y vida mía, ¿cuándo pusiste estas columnas en mi interior? Ahora estás más cómodo, si
estás cansado puedes apoyarte en ellas”. Y Él sin prestarme atención continuaba construyendo
la columna y callaba. Entonces yo: “¿Pero dime por qué no me hablas? ¿Qué hay, en qué te
he ofendido? ¿Tal vez mi repugnancia en no querer hacer conocer las verdades que me dices
es lo que te lleva a quererme castigar y por eso callas? Pero yo te prometí que no lo haré más,
y recuerda que quedamos en paz”. Y Jesús mirándome y dando un fuerte suspiro me ha dicho:
(2) “Hija mía, estoy trabajando, ensanchando, preparando, y cuando Yo trabajo no tengo
ganas de hablar, primero quiero trabajar y después hablar. De tus repugnancias no tengo
cuidado, porque es tanta la potencia de mi Voluntad que obra en ti, que te trituraría si no haces
lo que quiero, tanto, que después de un rechazo eres obligada a correr a mis brazos para
decirme: ‘Jesús, te ruego que me hagas hacer lo que quieres; lo quieres Tú, lo quiero yo, y no
me dejes si no ves que el tuyo y mi querer forman uno solo’. Entonces mi silencio es el trabajo,
y para hacer que el trabajo que estoy haciendo en ti sea más bello, más seguro, más estable, lo
he puesto en medio de dos columnas más fuertes, más altas, las cuales, una es mi Humanidad,
y la otra es mi Mamá, que es sólo donde puedo apoyarme, pero no me bastan dos apoyos,
quiero un tercero, pero si no me lo formo, ¿cómo puedo tenerlo? He aquí el por qué la necesidad
de mi trabajo, tú me prestarás los materiales, los cuales son tus actos hechos en mi Querer,
mientras más hagas más materiales me prestarás, y Yo me esforzaré en formarlo y después me
reposaré y te hablaré. Todo lo que Yo hice y lo que hizo mi amada Mamá estará todo conectado
en esta tercera columna, mi único fin, que sea realizado con un Querer Eterno, que es el único
que puede servirme de apoyo, y que este Querer sea conocido; pondré en ello tanta gracia que
no sólo me dará reposo, sino que me servirá de cátedra, de voz para enseñar, con los modos
más atrayentes, insinuantes y convincentes, qué significa vivir en mi Querer, y así ya no esté
más aislado en medio de mis hijos, sino que reine como en su propio trono, por eso déjame
hacer y sígueme”.
(3) Después ha venido nuevamente y continuaba haciéndose ver en mi interior que estaba
todo atento al trabajo, y en silencio nos mirábamos. He alzado la vista y veía en una columna,
puesta en la cima de ésta, la cabeza de Nuestro Señor, y en la otra la de la Reina Celestial,
ambas coronadas; en la tercera columna que estaba formando, estaba preparada para ponerse
en ella mi cabeza, y la corona que debía coronarla salía, la mitad de la corona de Nuestro Señor
y la otra mitad de la de la Virgen Santísima, que uniéndose juntas estas dos mitades formaban
una sola. Yo he quedado maravillada y encantada, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, has visto cuánto me conviene trabajar para formarme el tercer apoyo, y cómo tú
debes apresurarte en darme los materiales para hacerme trabajar, y a qué altura debe llegar
para cumplir el trabajo de mi Querer en ti, y qué corona debe ceñir tu frente, por eso no pierdas
un minuto de tiempo y tu vuelo en mi Querer sea continuo”.
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