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16-2
Julio 16, 1923
Jesús todo lo obró y lo sufrió en su Voluntad.
(1) Estaba pensando en la Pasión de mi dulce Jesús y sentía sus penas junto a mí, como si
ahora las estuviera Él sufriendo, y mirándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo sufrí todo en mi Voluntad, y a medida que sufría mis penas abrían tantos
caminos en mi Voluntad para llegar a cada criatura. Si no hubiera sufrido en mi Voluntad, que
envuelve todo, mis penas no habrían llegado hasta ti, ni hasta todos y cada uno, habrían
quedado con mi Humanidad; es más, con haberlas sufrido en mi Voluntad no sólo abrían tantos
caminos para ir a todas las criaturas, sino que abrían también tantos otros para hacerlas entrar
a ellas hasta Mí, y unirse con esas penas y darme cada una de las penas que con sus ofensas
me debían dar en todo el curso de los siglos, y mientras Yo estaba bajo la tempestad de los
golpes, mi Voluntad me traía a cada una de las criaturas a golpearme, así que no fueron sólo
aquellos los que me flagelaron, sino las criaturas de todos los tiempos, que habrían con sus
ofensas concurrido a la bárbara flagelación, y así en todas las demás penas mi Voluntad me
traía a todos, ninguno faltaba a la llamada, todos me estaban presentes, ninguno faltó, por eso
mis penas fueron ¡oh, cuánto más duras, más múltiples que las que se vieron! Entonces si
quieres que los ofrecimientos de mis penas, tu compasión y reparación, tus pequeñas penas,
no sólo lleguen hasta Mí, sino que hagan los mismos caminos de las mías, haz que todo entre
en mi Querer, y todas las generaciones recibirán los efectos. Y no sólo mis penas, sino también
mis palabras, porque dichas en mi Voluntad llegaban a todos, como por ejemplo cuando Pilatos
me preguntó si Yo era rey y Yo le respondí: ‘Mi reino no es de este mundo, si de este mundo
fuera, millones de legiones de ángeles me defenderían’. Y Pilatos al verme tan pobre, humillado,
despreciado, se asombró y dijo más marcado: ‘¡Cómo! ¿Tú eres rey?’ Y Yo con firmeza le
respondí a él y a todos los que se encuentran en algún puesto: ‘Rey soy Yo, y he venido al
mundo a enseñar la verdad, y la verdad es que no son los puestos, los reinos, las dignidades,
el derecho de mando lo que hace reinar al hombre, lo que lo ennoblece, lo que lo eleva sobre
todos; es más, éstas cosas son esclavitudes, miserias, que lo hacen servir a viles pasiones, a
hombres injustos, cometiendo también él tantos actos de injusticia que lo desnoblecen, lo arrojan
en el fango y le atraen el odio de sus dependientes, así que las riquezas son esclavitudes, los
puestos son espadas con las que muchos quedan muertos o heridos; el verdadero reinar es la
virtud, el despojamiento de todo, el sacrificarse por todos, el someterse a todos, y esto es el
verdadero reinar que vincula a todos y se hace amar por todos, por eso mi reino no tendrá jamás
fin, y el tuyo está próximo a perecer’. Y estas palabras en mi Voluntad las hacía llegar a los
oídos de todos aquellos que se encuentran en puestos de autoridad, para hacerles conocer el
gran peligro en el que se encuentran, y para poner en guardia a quienes aspiran a los puestos,
a las dignidades, al mando”.
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