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I. M. I.
Fiat!!!
16-1
Julio 15, 1923
La Divina Voluntad es principio, medio y fin de toda virtud
y debe ser corona de todo, y cumplimiento de la gloria de
Dios por parte de la criatura.
(1) Estaba rezando fundiéndome toda en la Santísima Voluntad de Dios, pero tenía en mi
mente alguna duda acerca de todo lo que mi dulce Jesús me va diciendo sobre este Santísimo
Querer, y Él, estrechándome a Sí, con una luz que arrojaba en la mente me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es principio, medio y fin de toda virtud; sin el germen de mi Voluntad
no se puede dar el nombre de verdadera virtud, Ella es como la semilla a la planta, que después
de que ha profundizado sus raíces bajo tierra, cuanto más profundas son, tanto más alto se
forma el árbol que la semilla contiene. Así que primero está la semilla, ésta forma las raíces, las
raíces tienen la fuerza de hacer brotar de bajo la tierra la planta, y conforme se van
profundizando las raíces así se forman las ramas, las cuales van creciendo tan alto, de formar
una bella corona, y ésta formará la gloria del árbol, el que dando abundantes frutos formará la
utilidad y la gloria de aquél que sembró la semilla. Ésta es la imagen de mi Iglesia: La semilla
es mi Voluntad, en la cual nació y creció, pero para que crezca el árbol se necesita el tiempo, y
para dar fruto en algunos árboles se necesita la duración de siglos; cuanto más preciosa es la
planta tanto más tiempo se necesita. Así el árbol de mi Voluntad, siendo el más precioso, el
más noble y divino, el más alto, se necesitaba el tiempo para hacer crecer y hacer conocer sus
frutos, así que la Iglesia ha conocido la semilla, y no hay santidad sin ella; luego ha conocido las
ramas, pero siempre en torno a este árbol se ha girado; ahora deben conocerse los frutos para
nutrirse de ellos y gozárselos, y ésta será toda mi gloria, mi corona, y de todas las virtudes y de
toda la Iglesia. Ahora, ¿por qué te maravillas de que en vez de manifestar primero los frutos de
mi Querer, te los he manifestado a ti después de tantos siglos? Si el árbol no se había formado
aún, ¿cómo podía hacer conocer los frutos? Todas la cosas son así: Si se debe hacer un rey,
no se corona primero al rey si antes no se forma el reino, el ejército, los ministros, el palacio real,
y al último se corona; y si se quisiera coronar al rey sin formar el reino, el ejército, etc., sería un
rey de burla. Ahora, mi Voluntad debía ser corona de todo, cumplimiento de mi gloria por parte
de las criaturas, porque sólo en mi Voluntad se puede decir: ‘Todo he cumplido’. Y Yo,
encontrando en ella cumplido todo lo que quiero, no sólo le hago conocer los frutos, sino que la
nutro y la hago llegar a tal altura de sobrepasar a todos; he aquí porqué amo tanto y tengo tanto
interés en que los frutos, los efectos, los bienes inmensos que hay en mi Querer, y el gran bien
que el alma recibe con vivir en Él sean conocidos, pues si no se conocen, ¿cómo se pueden
desear? Mucho menos pueden nutrirse con ellos, y si Yo no hiciera conocer el vivir en mi Querer,
qué cosa significa, los valores que contiene, faltaría la corona a la Creación, a las virtudes, y mi
obra sería una obra sin corona. Mira entonces cuán necesario es que todo lo que te he dicho
sobre mi Querer salga fuera y sea conocido, y también la razón por la que tanto te incito a ti, y
el por qué a ti te parece que te hago salir del orden que he tenido con los demás, haciendo
conocer a éstos y las gracias a ellos hechas después de su muerte, y en cambio contigo permito
que aún en vida, lo que te he dicho acerca de mi Querer sea conocido. Si no se conoce no será
ni apreciado ni amado, el conocimiento será como el abono al árbol, que hará madurar los frutos,
de los cuales, bien maduros se nutrirán las criaturas. ¿Cuál no será mi contento y el tuyo?”
27 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta