decir: ‘¿Pero sabes tú cuál es mi reino? Mi reino son mis dolores, mi sangre, mis virtudes; éste
es el verdadero reino, que no fuera de Mí, sino dentro de Mí poseo, lo que se posee por afuera
no es verdadero reino ni seguro dominio, porque lo que no está dentro del hombre le puede ser
quitado, usurpado y será obligado a dejarlo; en cambio lo que está dentro nadie se lo podrá
quitar, el dominio será eterno dentro de él. Las características de mi reino son mis llagas, las
espinas, la cruz, donde no hago como los demás reyes, que hacen vivir a sus pueblos fuera de
ellos, en la inseguridad y tal vez en ayunas; Yo no, Yo llamo a mis pueblos a habitar en las
estancias de mis llagas, fortificados y defendidos por mis dolores, quitada su sed por mi sangre,
alimentados por mi carne, y sólo esto es el verdadero reinar, todos los demás reinos son reinos
de esclavitud, de peligros y de muerte; en mi reino está la verdadera vida. Cuántas enseñanzas
sublimes, cuántos misterios profundos en mis palabras, cada alma debería decirse a sí misma
en las penas y dolores, en las humillaciones y abandonos de todos, al practicar las verdaderas
virtudes: ‘Este es mi reino, no sujeto a perecer, nadie me lo puede quitar ni tocar, es más, mi
reino es eterno y divino, semejante al de mi dulce Jesús, mis dolores y penas me lo certifican y
me vuelven el reino más fortificado y aguerrido, tanto, que ninguno podrá hacerme guerra en
vista de mi gran fortaleza’. Este es reino de paz, que deberían ambicionar todos mis hijos".
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15-35
Julio 11, 1923
Por cuanto más grande es la obra que Dios quiere hacer, tanto
más es necesario que sea única y singular la criatura que elige.
La Paterna Bondad quiere abrir otra era de Gracia.
(1) Estaba rezando y abandonándome toda en los brazos de mi dulcísimo Jesús, pero con un
pensamiento en la mente que decía: “Sólo para ti este martirio de dar fastidio a los demás, de
ser un peso a tus ministros, no pudiendo hacer menos que fastidiarlos con mis hechos que se
desarrollan entre yo y Jesús; en cambio los demás son libres, ellos entran en el estado de
sufrimiento y por sí mismos se liberan; cuántas veces le he pedido que me liberara, pero en
vano". Ahora, mientras esto y otras cosas pensaba, el bendito Jesús ha venido, todo bondad y
amor, y poniéndose junto a mí me ha dicho:
(2) "Hija mía, por cuanto más grande es la obra que quiero hacer, tanto más es necesario que
sea única y singular la criatura que elijo. La obra de la Redención era la más grande y para ella
elegí a una sola criatura, dotándola de todos los dones, jamás concedidos a ninguno, para hacer
que esta criatura contuviera tanta gracia de poderme hacer de Madre, y pudiese deponer en Ella
todos los bienes de la Redención; y para custodiar mis mismos dones, desde que fue concebida
hasta que me concibió la tuve oculta en la luz de la Santísima Trinidad, la cual se hacía custodia
y tenía el oficio de dirigirla en todo; después, cuando quedé concebido en su seno virginal,
siendo Yo el verdadero, la cabeza y el primero de todos los sacerdotes, tomé Yo la tarea de
custodiarla y de dirigirla en todo, hasta el movimiento de su latido; y cuando Yo morí la confié a
otro sacerdote, el cual fue San Juan. Un alma tan privilegiada que contenía todas las gracias,
única en la mente divina, única en la historia, no quise dejarla hasta el último de sus respiros sin
la asistencia de un representante mío. ¿Acaso he hecho esto a otras almas? No, porque no
conteniendo tanto bien, tantos dones y gracias, no es necesaria tanta custodia y asistencia.
(3) Ahora hija mía, también tú eres única en mi mente, y serás también única en la historia, y
no habrá ni antes ni después de ti otra criatura a la que le haré tener, como obligado por
necesidad, la asistencia de mis ministros. Habiéndote elegido para poner en ti la santidad, los
bienes, los efectos, la actitud de mi Suprema Voluntad, era conveniente, justo, decoroso, para