no fueron otra cosa que mis sombras que saqué de Mí, y mi amor tuvo su desahogo, y Yo tomé
gran deleite al ver lo que estaba contenido en Mí, esparcido en pequeñas partecitas aletear
sobre todo lo creado. Ahora, ¿cuál será mi alegría al manifestar mis verdades, que no son mis
sombras que salen de Mí, sino la sustancia de los bienes que contengo en Mí, que no en mudo
lenguaje hablan de Mí como hacen todas las cosas creadas, sino con voz clara, sonora y
elocuente hablan de Mí, y siendo mi palabra creadora, como nueva creación crean en el alma
las verdades que Yo manifiesto? Si con un Fiat creé tantas cosas, y al manifestar mis verdades
no es un solo Fiat que pronuncio, sino tantas palabras por cuantas se necesitan para manifestar
y hacer comprender lo que quiero hacer entender. Imagínate entonces cuál es mi contento al
manifestar al alma mis verdades, que no en mudo lenguaje, sino con voz hablante manifestará
a los demás mis bienes, mis verdades, para infundir en los demás el bien que ha recibido, por
eso al manifestar mis verdades, mi amor encuentra su desahogo y se pone en fiesta y amo
mucho a quien se presta a escucharme".
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15-34
Julio 5, 1923
Jesús presentado por los judíos a Pilatos.
Dónde está y cuál es el verdadero reino.
(1) Estaba acompañando a mi penante Jesús en las horas de su amarguísima Pasión,
especialmente cuando fue presentado y acusado por los judíos ante Pilatos, y Pilatos, no
contento con las simples acusaciones que le hacían, volvía a los interrogatorios para encontrar,
o causa suficiente para condenarlo o para liberarlo. Y Jesús, hablándome en mi interior me ha
dicho:
(2) "Hija mía, todo en mi Vida es misterio profundo y enseñanzas sublimes, en las cuales el
hombre debe mirarse como en un espejo para imitarme. Tú debes saber que era tanta la
soberbia de los judíos, especialmente por la fingida santidad que profesaban, por la que eran
tenidos por hombres rectos y concienzudos, que creían que sólo con presentarme ellos y decir
que me habían encontrado culpable y reo de muerte, Pilatos debía creerles y sin interrogarlos
debía condenarme, mucho más porque estaban tratando con un juez gentil que no tenía ni
conocimiento de Dios ni conciencia. Pero Dios dispuso diversamente para confundirlos y para
enseñar a los superiores que por mucho que parezcan buenas y santas las personas que acusan
a un pobre reo, no les crean fácilmente, sino que las interroguen cuidadosamente para ver si
están en la verdad, o bien, ver si bajo aquel vestido de bondad hay algunos celos, rencores, o
es para obtener de los superiores, haciéndose camino en sus corazones, algún puesto o
dignidad que ambicionan. El escrutinio hace conocer a las personas, las confunde y se muestra
que no se tiene confianza en ellas, y al no verse apreciadas se quitan el pensamiento de
ambicionar puestos o de acusar a otros. Cuánto mal hacen aquellos superiores cuando a ojos
cerrados, fiándose de una fingida bondad, no de una virtud probada, los ponen en un puesto, o
dan oídos a quien acusa a otro de alguna falta. Cuánto no quedaron humillados los judíos al no
ser creídos fácilmente por Pilatos y al sufrir tantos interrogatorios, y si cedió en condenarme no
fue porque les creyera, sino forzado y para no perder su puesto; esto los confundió, de modo
que quedó como marca sobre su frente una extrema confusión y una humillación profunda,
mucho más que descubrían más rectitud y más conciencia en un juez gentil que en ellos. Cuán
necesario y justo es el escrutinio, arroja luz, produce calma en los verdaderos buenos y
confusión en los malos. Y cuando queriendo examinarme Pilatos me preguntó: ‘¿Tú eres rey?
Y ¿dónde está tu reino?’ Yo quise dar otra sublime lección con decir: ‘Yo soy rey’. Y quería
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