(3) Después, una fuerza suprema me hacía seguir adelante, y era obligada a ver los males de
la tierra y los que vendrán, desgraciadamente estremecedores. Entonces, después de esto he
encontrado a mi dulce Jesús, y yo, cansada, me he arrojado en sus brazos diciéndole:
(4) "Amor mío, qué camino tan largo he debido recorrer, me parece que hace siglos que no te
veía y que no encontraba a Aquél que forma mi vida".
(5) Y Jesús todo amor: "¡Ah, sí hija mía! repósate en mis brazos, ven a tu principio de donde
saliste, también Yo te esperaba con ansia para recibir de ti, en mi Querer, todo lo que la Creación
me debe, y para darte a ti en mi mismo Querer todo lo que debo dar a toda la Creación. Sólo
mi Voluntad puede poner al seguro y custodiar con celo todos los bienes que quiero dar a la
criatura, fuera de mi Voluntad mis bienes siempre están en peligro y mal custodiados, en cambio
en Ella, Yo abundo y doy a una lo que debería dar a todas, por eso quiero vincular en ti la
Creación toda, quiero ponerte en el punto primero de la creación del hombre; es mi costumbre
tratar al tú por tú con una sola criatura lo que quiero darle y lo que quiero de ella, y después, de
ella hacer pasar los bienes a los demás. ¡Ah! hija mía, Yo había creado al hombre como una
flor que debía crecer, colorearse, perfumarse en mi misma Divinidad, pero con sustraerse de mi
Voluntad le sucedió como a una flor que se arranca de una planta, mientras está en la planta la
flor es bella, vivaz en su color, olorosa en su perfume; arrancada de la planta se marchita, se
decolora, se transforma en fea y llega a dar un mal olor. Qué suerte fue la suya y qué dolor para
Mí, que con tanto amor quería hacer crecer esta flor en mi Divinidad para deleitarme y recrearme
con ella. Ahora esta flor arrancada, con mi Omnipotencia quiero hacerla brotar trasplantándola
de nuevo en el seno de mi Divinidad, pero quiero un alma que quiera vivir en el seno de mi
Querer, ella será la semilla que se prestará a Mí, y mi Voluntad hará todo lo demás, así
regresarán mis delicias de la Creación, me recrearé con esta mística flor y me reharé de la
Creación".
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15-23
Mayo 18, 1923
Cómo es difícil encontrar un alma que quiera sufrir.
Verdugos de almas que hay en la Iglesia.
(1) Me sentía muy afligida y casi privada de mi dulce Jesús; ¡qué duro martirio es su privación!
Martirio sin esperanza de tomar el Cielo por asalto como lo toman los mártires, lo que vuelve
dulce todo su sufrir; en cambio su privación es martirio que desune, que quema, que hiere y que
abre un abismo de separación entre el alma y Dios, que en vez de endulzar el sufrir lo amarga,
lo atosiga, de modo que mientras se siente morir, la misma muerte huye lejos, ¡oh Dios, qué
pena! Ahora, mientras me encontraba en el inmenso abismo de la privación de mi Jesús, en
cuanto se ha movido en mi interior le he dicho: “¡Ah! mi Jesús, ya no me quieres". Y Él, no
haciéndome caso, se hacía ver todo afligido, como si tuviera en la mano una cosa negra que
estaba por arrojarla sobre las criaturas, después me tomaba el corazón entre sus manos, me lo
apretaba fuertemente, me lo traspasaba, y mi corazón esperaba con ansia sus penas como
refrigerio y bálsamo a las penas sufridas por su privación. ¡Oh, cómo temía que dejara de
hacerme sufrir y me arrojara de nuevo en el abismo de su separación! Entonces, después de
esto me ha dicho:
(2) "Hija mía, yo no pongo atención a las palabras sino en los hechos, ¿crees tú que es fácil
encontrar un alma que de verdad quiera sufrir? ¡Oh, cómo es difícil! De palabra hay quienes
quieren sufrir, pero en los hechos huyen cuando un dolor las oprime u otras penas las circundan,
¡oh! cómo quisieran liberarse, y Yo permanezco siempre el Jesús aislado en las penas, y es por
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