eso que cuando encuentro un alma que no rehuye el sufrir y quiere hacerme compañía en mis
penas, es más, espera y espera que le dé el pan del dolor, esto me da el delirio del amor y me
hace llegar a hacer locuras y a ser tan magnánimo con esta alma, de hacer quedar estupefactos
Cielo y tierra. ¿Crees tú que era cosa indiferente a mi corazón, que tanto ama, que mientras
estabas privada de Mí me esperabas, no para otra cosa sino para que te llevase mis acerbas
penas?”
(3) Mientras esto decía, me ha hecho oír que pasaba el Santísimo por la calle y me ha dado
un apretón más fuerte al corazón, y yo:
(4) "Mi Jesús, ¿qué pasa? ¿Adónde vas y quién te lleva?”
(5) Y Él, todo triste: “Voy a un enfermo, llevado por un verdugo de almas".
(6) Y yo espantada: “Jesús, ¿qué dices? ¿Cómo, tus ministros verdugos de almas?”
(7) Y Él: "Y cuántos verdugos de almas hay en mi Iglesia: Están los verdugos apegados a
los intereses, que hacen carnicería de almas, porque con su ejemplo en lugar de hacer
desapegadas a las almas de todo lo que es tierra, las interesan de más; están los inmodestos,
que en lugar de purificar las almas las desfiguran; están los verdugos de los pasatiempos,
dedicados a los placeres, a los paseos y demás, que en lugar de hacer recogidas a las almas y
de infundirles el amor a la oración y al retiro, las distraen; todas estas son carnicerías de almas.
¡Cuánto dolor siente mi corazón al ver que aquellos mismos que debían ayudar y santificar a las
almas, son la causa de su ruina!”
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15-24
Mayo 23, 1923
La Voluntad de Dios es plenitud, y quien
en Ella vive debe concentrar todo en sí.
(1) Sus privaciones continúan, y apenas habiéndose hecho ver mi dulce Jesús le he dicho:
(2) "Dime amor mío, ¿en qué te he ofendido que huyes lejos de mí? ¡Ah! mi corazón sangra
por la intensidad del dolor".
(3) Y Jesús: "¿Te has sustraído acaso de mi Voluntad?”
(4) Y yo: "No, no, el Cielo me libre de tal desgracia".
(5) Y Él: "¿Y por qué entonces me preguntas en qué me has ofendido? La culpa entra cuando
el alma se sustrae de mi Voluntad. ¡Ah! hija mía, para tomar plena posesión de mi Voluntad
debes concentrar en ti todos los estados de ánimo de todas las criaturas, y conforme pases un
estado de ánimo, así tomas el dominio. Esto sucedió en mi Mamá y en mi misma Humanidad,
¿cuántas penas, cuántos estados de las almas estaban concentrados en Nosotros? Mi querida
Mamá muchas veces quedaba en el estado de la pura fe, y mi gimiente Humanidad quedaba
como triturada bajo el peso enorme de todos los pecados y penas de todas las criaturas, pero
mientras sufría quedaba con el dominio de todos los bienes opuestos a esos pecados y penas
de las criaturas, y mi amada Mamá quedaba Reina de la fe, de la esperanza y del amor,
dominadora de la luz, tanto, de poder dar fe, esperanza, amor y luz a todos. Para dar es
necesario poseer, y para poseer es necesario concentrar en sí aquellas penas, y con la
resignación y con el amor cambiar en bienes las penas, en luz las tinieblas, en fuego las
frialdades. Mi Voluntad es plenitud, y quien debe vivir en Ella debe entrar en el dominio de todos
los bienes posibles e imaginables, por cuanto a criatura es posible. ¿Cuántos bienes no puedo
dar a todos, y cuántos no puede dar mi inseparable Mamá? Y si no damos de más es porque
no hay quién tome, porque todo lo sufrimos, y mientras estábamos en la tierra nuestra morada
fue en la plenitud de la Divina Voluntad.
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