15-21
Mayo 5, 1923
Por cuantas veces el alma entra en el Querer Divino, tantos caminos abre
entre el Creador y las criaturas, que sirven para encontrarse con Él, y en
este encuentro ella copia las virtudes de su Creador, absorbe en sí nueva
Vida Divina y todo lo que hace no es más humano sino divino.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me sentí atraída fuera de mí misma, pero no veía
el cielo azul ni el sol de nuestro horizonte, sino otro cielo, todo de oro, adornado de estrellas de
varios colores, brillantísimo más que sol. Yo me sentía atraída hacia arriba, y abriéndose ante
mí este cielo, me he encontrado ante una luz purísima, en la cual, sumergiéndome, he llamado
en mi inteligencia a todas las inteligencias humanas, desde donde Adán había empezado, con
sustraerse de la Divina Voluntad, a romper la unión de su inteligencia con la de su Creador,
hasta el último hombre que existirá sobre la tierra, y trataba de dar a mi Dios todo el honor, la
gloria, la sumisión, etc., de todas las inteligencias creadas, y así hacía con todos mis demás
sentidos, llamando en los míos a todos los de las demás criaturas, todo esto siempre en su
amable Querer, donde todo se encuentra, de donde nada escapa, a pesar de que en el presente
no existan y en donde todo se puede hacer. Entonces, mientras esto hacía, una voz ha salido
de dentro de la inmensidad de aquella luz diciendo:
(2) "Por cuantas veces el alma entra en el Querer Divino para rezar, obrar, amar y otras cosas,
tantos caminos abre entre el Creador y las criaturas, y la Divinidad viendo que la criatura se
hace camino para ir a Ella, abre sus caminos para encontrarse con su criatura. En este
encuentro ella copia las virtudes de su Creador, absorbe en sí siempre nueva Vida Divina, se
adentra más en los eternos secretos del Querer Supremo, y todo lo que hace no es más humano
en ella, sino divino, y este obrar divino en ella forma un cielo de oro donde la Divinidad,
deleitándose de encontrar su obrar en la criatura, pasea sobre este cielo, esperando a la criatura
para recibir sus actos divinos y por tanto abrirle otros caminos en su Divinidad, y va repitiendo
con gran amor: He aquí cómo en mi Querer la criatura se acerca a mi semejanza, cómo realiza
mis designios, cómo cumple la finalidad de la Creación".
(3) Y mientras esto oía, me he encontrado en mí misma.
+ + + +
15-22
Mayo 8, 1923
Sólo la Divina Voluntad pone al seguro todas las gracias del Cielo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, me parecía
que recorría un camino larguísimo, donde encontraba mucha gente: quiénes daban horror al
verlos, quiénes parecían demonios encarnados, poquísimos los buenos. El camino era tan largo
que no terminaba jamás, y yo cansada quería regresar en mí misma, pero una persona cercana
a mí me lo impedía diciéndome:
(2) "Adelante, camina, debes llegar al principio, y para llegar a esto debes pasar todas las
generaciones, debes tenerlas todas bajo tu mirada para llevarlas a tu Creador. Tu principio es
Dios, y tú debes llegar a aquel punto de la eternidad cuando el Eterno creaba al hombre, para
recibir todos los vínculos de la Creación y reanudar todas las armonías que pueden existir entre
Creador y criatura".
922 sig