los efectos, la santidad, no puedo darlos, porque no encuentro nuestro pan, y si alguna cosa doy
es en pequeña proporción, según sus disposiciones, pero no todos los bienes que contengo, y
mi Vida Sacramental espera pacientemente que el hombre tome el pan de la Voluntad Suprema
para poder dar todo el bien de mi Vida Sacramental. Ve entonces cómo el Sacramento de la
Eucaristía, y no sólo éste, sino todos los Sacramentos dejados a mi Iglesia e instituidos por Mí,
darán todos los frutos que contienen y tendrán pleno cumplimiento cuando el Pan Nuestro, esto
es, la Voluntad de Dios, se haga como en el Cielo así en la tierra. Después pedía el tercer pan,
es decir el material. ¿Cómo podía decir danos hoy nuestro pan, si el hombre debiendo hacer
nuestra Voluntad, lo que era nuestro era suyo? El Padre no debía dar el pan de su Voluntad, el
pan de mi Vida Sacramental, el pan diario de la vida natural a hijos ilegítimos, usurpadores,
malos, sino a hijos legítimos, buenos, que tendrían en común los bienes del Padre, por eso Yo
decía danos nuestro Pan, entonces comerán el pan bendito, todo sonreirá en torno a ellos, la
tierra y el Cielo llevarán la marca de la armonía de su Creador. Después agregué: ‘Perdónanos
nuestras deudas como nosotros las perdonamos a nuestros deudores’, así que también la
caridad será perfecta, entonces será perfecto el perdón, tendrá la marca del heroísmo como la
tuve Yo en la cruz; cuando el hombre coma el pan de mi Voluntad como lo comía mi Humanidad,
entonces las virtudes serán absorbidas en mi Voluntad y recibirán la marca del verdadero
heroísmo y de virtudes divinas, serán como tantos riachuelos que brotarán del seno del gran
mar de mi Voluntad. Y si agregué: ‘Y no nos induzcas en tentación’, ¿cómo lo podría inducir
Dios en tentación? Era porque el hombre es siempre hombre, libre por sí mismo, porque Yo no
le quito jamás los derechos que al crearlo le di, y él, asustado y temiendo de sí grita en silencio,
reza sin expresarse en palabras: ‘Danos el pan de tu Voluntad, a fin de que podamos rechazar
todas las tentaciones, y en virtud de este pan líbranos de todo mal’. Así sea.
(3) Ve entonces cómo todos los bienes del hombre reencuentran su reanudación, el vínculo
estrecho del hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, la validez de cada acto suyo,
la restitución de los bienes perdidos, la firma y la seguridad de que le viene dada nuevamente
su perdida felicidad terrenal y celeste. Así que era tan necesario que mi Voluntad se haga como
en el Cielo así en la tierra, que Yo no tuve otro interés ni enseñé otra oración sino el Padre
Nuestro, y la Iglesia, fiel ejecutora y depositaria de mis enseñanzas la tiene siempre en boca y
en cada circunstancia, y todos, doctos e ignorantes, pequeños y grandes, sacerdotes y seglares,
reyes y súbditos, todos me piden que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra. ¿No
quieres tú entonces que mi Voluntad descienda sobre la tierra? Y así como la Redención tuvo
su principio en una Virgen; no me concebí en todos los hombres para redimirlos, si bien quien
lo quiere puede entrar en el bien de la Redención y recibirme cada uno para sí solo en el
Sacramento, así ahora mi Voluntad debe tener su principio, la posesión, el crecimiento y el
desarrollo en una criatura virgen, y después, quien se disponga y quiera entrará en los bienes
que el vivir en mi Voluntad contiene. Si no hubiera sido concebido en mi amada Mamá, la
Redención jamás habría venido; así, si no obro el prodigio de hacer vivir a un alma en mi
Suprema Voluntad, el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra no tendrá lugar en las
generaciones humanas".
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