sobre la voluntad humana poniendo de acuerdo estas dos voluntades y hacer de ellas una sola,
con llevarla en aquella Voluntad de donde había salido. Era esta la principal ofensa que mi
Padre Celestial recibió del hombre, y Yo debía resarcirlo, de otra manera no le habría dado plena
satisfacción. Pero para obtener la primera finalidad debí primero poner fuera la segunda, esto
es, salvarlo, darle la mano porque estaba caído, lavarlo del fango en el cual yacía; ¿cómo podía
decir ven a vivir en mi Querer, si era horrible al verse y estaba bajo la esclavitud del enemigo
infernal? Entonces, después de haber obtenido la segunda finalidad, quiero poner a salvo la
primera, que mi Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo, y el hombre salido de mi Voluntad
reentre de nuevo en Ella, y para obtener esto, doy a esta primera criatura todos mis méritos,
todas mis obras, los pasos, mi corazón palpitante, mis llagas, mi sangre, toda mi Humanidad,
para disponerla, para prepararla, para hacerla entrar en mi Voluntad, porque primero debe tomar
el fruto completo de mi Redención, y como en triunfo entrar en posesión del mar inmenso de mi
Suprema Voluntad, no quiero que entres como extraña sino como hija, no pobre sino rica, no
fea sino bella, como si fueras otro Yo. Por eso quiero concentrar toda mi Vida en ti".
(7) Y mientras esto decía salían de Él como tantos mares que se vertían sobre de mí, y yo
quedaba dentro, abismada, y al mismo tiempo un sol que expandía su luz, porque recibía el fruto
completo de la Redención para poder dar el fruto completo de su Querer a la criatura, era el Sol
del Eterno Querer que festejaba la entrada de la voluntad humana en la suya.
(8) Y Jesús: “Esta mi Voluntad Divina creció como una flor en mi Humanidad, la cual Yo
trasplanté del Cielo al verdadero edén de mi Humanidad terrenal; germinó en mi sangre, brotó
de mis llagas para hacer de Ella el don más grande a la criatura, ¿no quieres recibirlo tú?”
(9) Y yo: "Sí".
(10) Y Él: "Quiero trasplantarla en ti, ámala y debes saber custodiarla".
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15-20
Mayo 2, 1923
Cuando el Fiat Voluntas Tua tenga su cumplimiento como en el
Cielo así en la tierra, entonces vendrá el pleno cumplimiento
de la segunda parte del Padre Nuestro.
(1) Sentía mi pobre mente como perdida en la inmensidad del Eterno Querer, y mi dulce Jesús,
hablándome sobre la Santísima Voluntad de Dios me ha dicho:
(2) "Hija mía, ¡oh! cómo armonizan bien tus actos hechos en mi Querer, armonizan con los
míos, con los de mi amada Mamá, y el uno desaparece en el otro y forman uno solo, parece el
Cielo en la tierra y la tierra en el Cielo, parece el eco del Uno en los Tres y de los Tres en Uno
de la Trinidad Sacrosanta, ¡oh! cómo suena dulce a nuestro oído, cómo nos rapta, pero tanto,
de raptar nuestra Voluntad del Cielo a la tierra. Cuando mi Fiat Voluntas Tua tenga su
cumplimiento como en el Cielo así en la tierra, entonces vendrá el pleno cumplimiento de la
segunda parte del Pater Noster, esto es: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’. Yo decía, Padre
nuestro, a nombre de todos te pido tres clases de pan cada día, el pan de tu Voluntad, que es
más que pan, porque si el pan es necesario dos o tres veces al día, en cambio éste es necesario
cada momento, en todas las circunstancias, es más, debe ser no sólo pan, sino como aire
balsámico que lleva la vida, la circulación de la Vida Divina en la criatura; Padre, si no es dado
este pan de tu Voluntad no podré jamás recibir todos los frutos de mi Vida Sacramental, que es
el segundo pan que todos los días te pedimos; ¡oh! cómo se encuentra mal mi Vida Sacramental
porque el pan de tu Voluntad no los alimenta, más bien encuentra el pan corrupto de la voluntad
humana, ¡oh! cómo me da asco, cómo lo rehuyo, y si bien voy a ellos, pero los frutos, los bienes,