concentrar todos los bienes y aun a Mí mismo para hacer que todos pudieran encontrar lo que
querían, por eso debiendo ser la obra de la Redención tan grande de arrollar a todas las
generaciones, quise por tantos siglos las oraciones, los suspiros, las lágrimas, las penitencias
de tantos patriarcas, profetas y de todo el pueblo del antiguo testamento, y esto lo hice para
disponerlos a recibir un bien tan grande y para disponerme a concentrar en esta Celestial
Criatura todos los bienes que todos debían disfrutar. Ahora, ¿qué movía a pedir, a suspirar,
etc., a este pueblo? La promesa del futuro Mesías, esta promesa era como el germen de tantas
súplicas y lágrimas, si no hubiera estado esta promesa ninguno habría tenido ni siquiera un
pensamiento, ninguno habría esperado la salvación.
(3) Ahora hija mía, pasemos a mi Voluntad, ¿tú crees que sea una Santidad como las otras
santidades? ¿Un bien, una gracia casi al parejo de las otras que he hecho durante tantos siglos
a los demás santos y a toda la Iglesia? No, no, aquí se trata de una época nueva, de un bien
que debe servir a todas las generaciones; pero es necesario que todo este bien lo concentre
primero en una sola criatura, como hice en la Redención concentrando todo en mi Mamá, mira
un poco cómo las cosas van casi iguales: Para hacer venir la Redención y disponer a las almas
a esto, hice la promesa del futuro Mesías, a fin de que con el esperarlo no sólo se dispusieran,
sino que pudieran encontrar también ellos en el futuro Redentor su salvación. Ahora, para
disponer a las almas a vivir en mi Querer y darles parte de los bienes que Él contiene y hacer
regresar al hombre sobre el camino de su origen, como fue creado por Mí, quise ser el primero
en rogar, haciendo resonar mi voz de un punto al otro de la tierra y hasta en lo alto del Cielo
diciendo: ‘Padre nuestro que estás en los Cielos’. No dije Padre mío, sino que lo llamé Padre
de toda la familia humana, para comprometerlo en lo que debía agregar: ‘Que todos santifiquen
tu nombre, a fin de que venga tu reino sobre la tierra y tu Voluntad se haga como en el Cielo así
en la tierra’. Era esta la finalidad de la Creación, y Yo pedía al Padre que se cumpliera. En
cuanto Yo recé, el Padre cedió a mis súplicas y formé el germen de tanto bien, y para hacer que
este germen fuera conocido, enseñé a los apóstoles mi oración, y estos la transmitieron a toda
la Iglesia, a fin de que así como el pueblo del futuro Redentor encontraba la salvación en Él y se
disponían a recibir al Mesías prometido, así con este germen formado por Mí, la Iglesia ruega y
repite tantas veces mi misma oración y se dispone a recibir, el que reconozcan y amen a mi
Celestial Padre como Padre de ellos, de manera de merecer ser amados como hijos y reciban
el gran bien de que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra. Los mismos santos
han formado su santidad en este germen y en esta esperanza de que mi Voluntad se haga como
en el Cielo así en la tierra, los mártires han esparcido su sangre, no hay bien que no derive de
este germen, así que toda la Iglesia ruega, y así como las lagrimas, las penitencias, las oraciones
para tener al Mesías eran dirigidas hacia aquella Virgen excelsa, a la cual debía disponer para
concentrar tanto bien para poder recibir a su Salvador, si bien no conocían quién fuese, así
ahora, la Iglesia cuando recita el Padre Nuestro es propiamente por ti que ruega, para hacer que
concentre en ti todo el bien que contiene mi Querer, el modo, el cómo la Voluntad Divina tenga
vida en la tierra como en el Cielo. Y si bien no eres conocida, la Iglesia haciendo eco a mi
oración: ‘Sea hecha tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’, me ruega, me apresura a que
concentre todo este bien en una segunda virgen, a fin de que como otra salvadora salve a la
humanidad en peligro, y haciendo uso de mi inseparable amor y misericordia oiga
favorablemente mi misma plegaria unida a aquella de toda la Iglesia y hago regresar al hombre
a su origen, a la finalidad con la que lo he creado, esto es, que mi Voluntad se haga en la tierra
como en el Cielo. Es esto propiamente el vivir en mi Querer, todo lo que te voy manifestando a
esto te empuja, en esto te confirmo, este es el gran fundamento que voy formando en tu alma,
y para hacer esto voy concentrando todas las gracias pasadas, presentes y futuras que he hecho
a todas las generaciones, más bien las duplico, las multiplico, porque siendo mi Querer la cosa
más grande, más santa, más noble, que no tiene principio ni fin, para ponerlo en una criatura es
justo y decoroso que concentre en ella todos los bienes posibles, gracias innumerables, pureza