tanto bien de sobrepasar los dones de la Creación, quise darle primero las gracias para
recibirme, y después darme para darle el verdadero fruto de mi Vida Sacramental. Pero para
preparar con estos dones a las almas, se necesita un poco de vacío de ellas mismas, de odio a
la culpa, de deseo de recibirme, estos dones no descienden en la podredumbre, en el fango, por
tanto sin mis dones no tienen las verdaderas disposiciones para recibirme, y Yo descendiendo
en ellas no encuentro el vacío para comunicar mi Vida, estoy como muerto para ellas, y ellas
muertas para Mí; Yo ardo y ellas no sienten mis llamas, soy luz y ellas quedan más cegadas.
¡Ay de Mí! cuántos dolores en mi Vida Sacramental, muchas por falta de disposiciones, no
sintiendo nada de bien en el recibirme, llegan a nausearme, y si continúan recibiéndome es para
formar mi continuo calvario y su eterna condenación, si no es el amor lo que las lleva a recibirme,
es una afrenta de más que me hacen, es una culpa de más que agregan a sus almas. Por eso
reza y repara por los tantos abusos y sacrilegios que se hacen al recibirme Sacramentado".
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15-13
Abril 2, 1923
La Divina Voluntad es germen de resurrección a la Gracia, a la santidad
y a la gloria. En la Divina Voluntad está el vacío del obrar humano en el
Divino. Los conocimientos son los ojos del alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo amable,
majestuoso y como envuelto dentro de una red de luz, luz mandaba de sus ojos, luz salía de su
boca, de cada palabra suya, de cada latido, de cada movimiento y paso, en suma, su Humanidad
era un abismo de luz. Y Jesús mirándome me unía con esta luz diciéndome:
(2) "Hija mía, cuánta luz, cuánta gloria tuvo mi Humanidad en mi Resurrección, porque en el
curso de mi Vida en esta tierra no hice otra cosa que encerrar en cada acto mío, en cada respiro,
mirada, en todo, a la Voluntad Suprema, y conforme la encerraba, así el Divino Querer me
preparaba la gloria, la luz en mi Resurrección, y conteniendo en Mí el mar inmenso de la luz de
mi Voluntad, no es maravilla que si miro, si hablo, si me muevo, salga tanta luz de Mí para poder
dar luz a todos. Ahora quiero encadenarte y envolverte en esta luz, para poner en ti tantos
gérmenes de resurrección por cuantos actos vas haciendo en mi Voluntad, Ella es la única que
hace resurgir el alma y el cuerpo a la gloria, Ella es germen de resurrección a la gracia, germen
de resurrección a la más alta y perfecta santidad, germen de resurrección a la gloria. Así que
conforme el alma hace sus actos en mi Querer, así va encadenando nueva luz divina, porque
mi Querer por naturaleza es luz, y quien en Él vive tiene virtud de transformar los pensamientos,
las palabras, las obras y todo lo que hace, en luz".
(3) Después estaba diciendo a mi dulce Jesús: “Rezo en tu Querer a fin de que mi palabra,
multiplicándose en Él, tenga por cada palabra de cada criatura una palabra de oración, de
alabanza, de bendición, de amor, de reparación; quisiera que mi voz elevándose entre el Cielo
y la tierra, absorbiera en sí todas las voces humanas para dártelas a Ti en homenaje y gloria, de
acuerdo a como Tú quisieras que la criatura se sirviera de la palabra". Ahora, mientras esto
decía, mi amable Jesús ha puesto su boca cerca a la mía, y con su aliento, aspirando absorbía
mi aliento, mi voz, mi respiro en el suyo, y poniéndolo como en camino en su Querer recorría
cada una de las palabras humanas, y cambiaba las palabras, las voces, según lo que yo había
dicho, y conforme las recorría así se elevaban a lo alto para hacer el oficio ante Dios, a nombre
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