todos mis dolores, que traspasándola, la llenaron de tal amargura y pena, de sentirse morir a
cada reflejo de mis dolores, pero el amor la sostenía y le daba de nuevo la vida. Por eso, no
sólo por honor, sino con derecho de justicia fue la primera Reina del inmenso mar de sus
dolores".
(3) Mientras esto decía, me parecía ver a mi Mamá frente a Jesús, y todo lo que contenía
Jesús, los dolores y los traspasos de ese corazón santísimo se reflejaban en el corazón de la
dolorosa Reina, y por cada uno de los reflejos se formaban tantas espadas en el corazón de la
traspasada Mamá, y estas espadas eran selladas por un Fiat de luz, en la cual Ella quedaba
rodeada en medio a tantos Fiat de luz fulgidísima que le daban tanta gloria, que faltan las
palabras para narrarla. Entonces Jesús ha continuado diciéndome:
(4) "No fueron los dolores los que constituyeron Reina a mi Mamá y la hicieron refulgir de tanta
gloria, sino mi Fiat Omnipotente, el cual entrelazaba cada acto y dolor suyo y se constituía vida
de cada dolor, así que mi Fiat era el acto primero que formaba la espada, dándole la intensidad
del dolor que quería; mi Fiat podía poner en aquel corazón traspasado cuantos dolores quería,
agregar heridas a heridas, penas sobre penas, sin la sombra de la mínima resistencia, es más,
se sentía honrada de que mi Fiat se constituía vida aun de un solo latido, y mi Fiat le dio la gloria
completa y la constituyó verdadera y legítima Reina.
(5) Ahora, ¿quiénes serán las almas en las cuales pueda reflejar los reflejos de mis dolores y
de mi misma Vida? Aquéllas que tendrán por vida mi Fiat, este Fiat absorberá en ellas mis
reflejos, y Yo seré magnánimo en participar lo que mi Querer obra en Mí, por eso en mi Voluntad
espero a las almas, para darles el verdadero dominio y la gloria completa de cada acto y pena
que puedan sufrir. Fuera de mi Voluntad, el obrar y el sufrir Yo no lo reconozco, podría decir:
‘No tengo qué darte, ¿cuál es la voluntad que te ha animado en el hacer y en sufrir esto? De
ella hazte recompensar’. Muchas veces el hacer el bien, el sufrir, sin que mi Voluntad entre en
medio, pueden ser míseras esclavitudes que degeneran en pasiones, mientras que sólo mi
Querer da el verdadero dominio, las verdaderas virtudes, la verdadera gloria de trasformar lo
humano en divino".
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15-12
Marzo 27, 1923
Dolores de la Vida Sacramental de Jesús.
Gracias con las cuales nos previene para recibirlo.
(1) Habiendo recibido la comunión, mi dulce Jesús se ha hecho ver, y yo apenas lo he visto
me he arrojado a sus pies para besarlos y estrecharme toda a Él. Y Jesús extendiéndome la
mano me ha dicho:
(2) "Hija mía, ven entre mis brazos y hasta dentro de mi corazón, me he cubierto de los velos
Eucarísticos para no infundir temor, he descendido en el abismo más profundo de las
humillaciones en este Sacramento para elevar a la criatura hasta Mí, fundiéndola tanto en Mí de
formar una sola cosa Conmigo, y con hacer correr mi sangre sacramental en sus venas
constituirme vida de su latido, de su pensamiento y de todo su ser. Mi amor me devoraba y
quería devorar a la criatura en mis llamas para hacerla renacer como otro Yo, por eso quise
esconderme bajo estos velos eucarísticos, y así escondido entrar en ella para formar esta
transformación de la criatura en Mí; pero para que suceda esta transformación se necesitaban
las disposiciones por parte de las criaturas, y mi amor llegando al exceso, mientras instituía el
Sacramento Eucarístico, así ponía fuera de dentro de mi Divinidad otras gracias, dones, favores,
luz para bien del hombre, para volverlo digno de poderme recibir; podría decir que puse fuera