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Enero 24, 1923
La Santísima Trinidad reflejada en la tierra. Los actos triples. Cómo
estaba reservado el abrir las puertas del Eterno Querer a Luisa.
(1) Todos estos días los he pasado en un mar de amargura, porque frecuentemente el bendito
Jesús me priva de su amable presencia, y si se hace ver, lo veo en mi interior inmerso en un
mar, cuyas olas se elevan por encima de Él en acto de sumergirlo, y Jesús para no quedar
sumergido y ahogado mueve su brazo y rechaza la ola, y con mirada piadosa me mira, me pide
ayuda y me dice:
(2) "Hija mía, mira cómo las culpas son tantas que me quieren sumergir, ¿no ves las olas que
me mandan, que si no agitara mi brazo quedaría ahogado? Qué tiempos tan tristes, que traerán
tristes consecuencias".
(3) Y mientras esto dice se esconde más en mi interior. ¡Qué pena ver a Jesús en este estado!
Son penas que desgarran el alma y la hacen pedazos. ¡Oh! cómo se quisiera sufrir cualquier
martirio para consolar a mi dulce Jesús. Después, esta mañana me parecía que mi amable
Jesús no podía más, y haciendo uso de su potencia ha salido de ese mar lleno de todas esas
armas listas para herir y también para matar, que daba terror sólo mirarlo, y apoyando su cabeza
sobre mi pecho, todo afligido y pálido, pero bello y de una belleza que raptaba me ha dicho:
(4) "Hija amada mía, no podía más, y si la justicia quiere su curso, también mi amor quiere su
desahogo y hacer su camino, por eso he salido de ese mar horrible que me forman las culpas
de las criaturas, para dar campo a mi amor para venir a desahogarme con mi pequeña hija de
mi Voluntad. También tú no podías más, he escuchado el estertor de tu agonía por mi privación
en aquel mar horrible, y habiendo puesto como a un lado a todos, he corrido a ti para
desahogarme y hacerte desahogar en amor Conmigo, para darte nuevamente la vida".
(5) Y mientras esto decía me estrechaba fuerte a Él, me besaba, me ponía su mano en la
garganta para aliviarme de la pena que Él mismo me había dado, porque días atrás habiéndome
jalado fuerte los nervios de la parte del corazón que corresponden a la garganta, quedé como
asfixiada; mi Jesús era todo amor y quería que yo le devolviera los besos, las caricias, los
abrazos que Él me daba. Después de esto he comprendido que quería que yo entrara en el mar
inmenso de su Voluntad para ser aliviado del mar de las culpas de las criaturas, y yo
estrechándome más fuerte a Él he dicho:
(6) "Mi amado bien, junto Contigo quiero seguir todos los actos que hizo tu Humanidad en la
Voluntad Divina, adonde llegaste Tú quiero llegar también yo, para hacer que en todos tus actos
encuentres también el mío; entonces, así como tu inteligencia en la Voluntad Suprema recorrió
todas las inteligencias de las criaturas, para dar al Padre Celestial la gloria, el honor, la
reparación por cada uno de los pensamientos de criatura en modo divino, y sellar con la luz, con
la gracia de tu Voluntad cada pensamiento de ellas, así también yo quiero recorrer cada uno de
los pensamientos, desde el primero hasta el último que tendrá vida en las mentes humanas,
para repetir lo que está hecho por Ti; es más, quiero unirme con los pensamientos de nuestra
Celestial Mamá, que nunca quedó atrás, sino que siempre corrió junto Contigo, y con los
pensamientos que han hecho tus santos".
(7) A estas últimas palabras, Jesús me ha mirado y todo ternura me ha dicho:
(8) "Hija mía, en mi Voluntad Eterna encontrarás todos mis actos, así como también todos los
de mi Mamá, que envolvían todos los actos de las criaturas, desde la primera hasta la última
que deberá existir como dentro de un manto, y este manto como formado en dos partes, una se
elevaba al Cielo para dar a mi Padre, con una Voluntad Divina, todo lo que las criaturas le debían:
Amor, gloria, reparación y satisfacción; la otra parte quedaba para defensa y ayuda de las
criaturas. Ningún otro ha entrado en mi Voluntad Divina para hacer todo lo que hizo mi