constituyó centro de vida, tanto que entre Ella y Nosotros se abrieron todas las corrientes, todas
las relaciones, todas las comunicaciones, y no hubo secreto que no le confiáramos. Fue
propiamente esto el acto más bello, más grande, más heroico que hizo, el poner a nuestros pies
su voluntad, y que a Nosotros, como raptados, nos hizo constituirla Reina de todos. ¿Ves
entonces qué significa atarse con mi Voluntad y no conocer la propia?
(5) El segundo acto que hizo fue ofrecerse a cualquier sacrificio por amor nuestro.
(6) El tercero fue restituirnos el honor y la gloria de toda la Creación, que el hombre nos había
quitado con hacer su voluntad; y aun desde el seno materno lloró por amor nuestro, porque nos
vio ofendidos, y lloró de dolor por el hombre culpable. ¡Oh! cómo nos enternecían estas lágrimas
inocentes y apresuraban la suspirada Redención. Esta Reina nos dominaba, nos ataba, nos
arrancaba gracias infinitas, nos inclinaba tanto hacia el género humano que no podíamos ni
sabíamos resistir a sus repetidas instancias; ¿pero de dónde le venía tal poder y tanta
ascendencia sobre la misma Divinidad? ¡Ah! tú lo has entendido, era la potencia de nuestro
Querer que obraba en Ella, que mientras la dominaba la hacía dominadora de Dios mismo.
Además ¿cómo podíamos resistir a tan inocente criatura poseída por la potencia y santidad de
Nuestro Querer? Sería resistir a Nosotros mismos, Nosotros descubríamos en Ella nuestras
cualidades divinas, como olas afluían sobre Ella los reflejos de nuestra santidad, los reflejos de
los modos divinos, de nuestro amor, de nuestra potencia, etc., y nuestro Querer, que era su
centro, atraía todos los reflejos de nuestras cualidades divinas y se hacía corona y defensa de
la Divinidad habitante en Ella. Si esta Virgen Inmaculada no hubiera tenido el Querer Divino
como centro de vida, todas las demás prerrogativas y privilegios con los cuales tanto la
enriquecimos habrían sido una nada frente a eso. Fue esto lo que le confirmó y le conservó los
tantos privilegios, y no sólo, sino que a cada instante le multiplicaba nuevos. He aquí la causa
por la qué la constituimos Reina de todos, porque cuando Nosotros obramos lo hacemos con
razón, sabiduría y justicia, porque jamás dio vida a su querer humano, sino que nuestro Querer
fue siempre íntegro en Ella. ¿Cómo podíamos decir a otra criatura, tú eres Reina del cielo, del
sol, de las estrellas, etc., si en lugar de tener nuestro Querer por dominio fuera dominada por su
querer humano? Todos los elementos, cielo, sol, tierra, se habrían sustraído del régimen y
dominio de esta criatura, todos habrían gritado en su mudo lenguaje: ‘No la queremos, nosotros
somos superiores a ella porque jamás nos hemos sustraído de tu Eterno Querer; tal como nos
creaste así somos.’ Habría gritado el sol con su luz, las estrellas con su centelleo, el mar con
sus olas, y así todo lo demás. En cambio, como todos sintieron el dominio de esta Virgen
excelsa, que casi como hermana suya jamás quiso conocer su voluntad sino sólo la de Dios, no
sólo hicieron fiesta, sino que se sintieron honrados por tener su Reina y corrieron en torno a Ella
para hacerle cortejo y tributarle sus homenajes, con ponerse la luna como escabel de sus pies,
las estrellas como corona, el sol como diadema, los ángeles como siervos, los hombres como
esperando; todos, todos le rindieron honores y le hicieron sus homenajes. No hay honor y gloria
que no se pueda dar a nuestro Querer, sea que obre en Nosotros, en su propia sede, sea que
habite en la criatura.
(7) ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta noble Reina cuando saliendo del seno
materno abrió los ojos a la luz de este bajo mundo? Cuando Ella nació, los ángeles le cantaron
canciones de cuna a la Celestial Bebita y Ella quedó extasiada, y su bella alma salió de su
cuerpecito, acompañada por legiones angélicas y giró por tierra y Cielo y fue recogiendo todo el
amor que Dios había esparcido en todo lo creado, y penetrando en el empíreo vino a los pies de
nuestro trono y nos ofreció la correspondencia del amor de todo lo creado, y pronunció su primer
gracias a nombre de todos. ¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír el gracias de esta bebita
Reina, y le confirmamos todas las gracias, todos los dones, para hacerla superar a todas las
demás criaturas unidas juntas. Después, arrojándose en nuestros brazos se deleitó con
Nosotros, nadando en el océano de todos los contentos, quedando embellecida de nueva
belleza, de nueva luz y de nuevo amor; suplicó de nuevo por el género humano, pidiéndonos