de su Eterno Padre. Eran corrientes de amor entre Él y el Padre Celestial, y en estas corrientes
venían puestas todas las criaturas, en las cuales estaba todo el amor de un Dios por cada una
de ellas, y todo el amor que cada una debía a Dios, y faltando esto sufría penas que superaban
a todas las demás penas, tanto, que sudó viva sangre. Y mi dulce Jesús, estrechándome a su
corazón para ser aliviado me ha dicho:
(2) “Hija mía, las penas del amor son las más lacerantes. Mira, en estas corrientes de amor
entre Yo y mi Padre está todo el amor que me debían todas las criaturas, por tanto está el amor
traicionado, el amor negado, el amor rechazado, el amor desconocido, el amor pisoteado, etc.
¡Oh! cómo me llega traspasante a mi corazón, de sentirme morir; tú debes saber que al crear al
hombre establecí innumerables corrientes de amor entre Yo y él; no me bastaba con haberlo
creado, no, debía poner tantas corrientes de amor entre Yo y él, que no debía haber parte de él
en la cual no corrieran esta corrientes, así que en la inteligencia del hombre corría la corriente
de amor de mi sabiduría, en sus ojos corría la corriente del amor de mi luz, en la boca la corriente
de amor de mi palabra, en las manos la corriente de amor de la santidad de mis obras, en la
voluntad la corriente de amor de la mía, y así de todo lo demás. El hombre había sido creado
para estar en continuas comunicaciones con su Creador, ¿y cómo podía estar en comunicación
Conmigo si mis corrientes no corrían en las suyas? Con el pecado despedazó todas estas
corrientes y quedó dividido de Mí; ¿sabes como sucedió? Mira el sol, toda su luz toca la
superficie de la tierra y la inviste tanto que hace sentir su calor, tan a lo vivo y real que lleva la
fecundidad, la vida a todo lo que la tierra produce, así que se puede decir que el sol y la tierra
están en comunicación entre ellos. ¡Oh! cómo son más estrechas mis comunicaciones entre el
hombre y Yo, verdadero sol eterno. Ahora, si una criatura tuviera el poder de romper entre la
tierra y el sol la corriente de la luz que toca la superficie de ella, ¿qué mal no haría? El sol
retiraría en sí mismo toda la corriente de la luz, la tierra quedaría en la oscuridad, sin fecundidad
y sin vida. ¿Qué pena merecería ese tal? Todo esto fue lo que hizo el hombre en la Creación,
y Yo descendí del Cielo a la tierra para reunir de nuevo todas estas corrientes de amor, pero,
¡oh, cuánto me costó! Y el hombre continúa su ingratitud y vuelve a destrozarme las corrientes
por Mí reestablecidas”.
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14-76
Noviembre 24, 1922
Efectos de la palabra y mirada de Jesús. Jesús reprende
a Luisa por querer dejar ocultas estas verdades.
(1) Estaba pensando en mi dulce Jesús cuando fue presentado a Herodes, y decía entre mí:
“Cómo es posible que Jesús, tan bueno, no se haya dignado decirle una palabra, ni dirigirle una
mirada. ¿Quién sabe y a lo mejor aquel pérfido corazón, ante la potencia de la mirada de Jesús
se hubiera convertido?” Y Jesús haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, era tanta su perversidad e indisposición de ánimo, que no mereció que lo mirara
y le dijera una palabra, y si lo hubiera hecho él se habría hecho más culpable, porque cada
palabra mía o mirada son vínculos de más que se forman entre Yo y la criatura. Cada palabra
es una unión mayor, un mayor estrechamiento; y en cuanto el alma se siente mirada, la gracia
comienza su trabajo. Si la mirada o la palabra ha sido dulce, benigna, el alma dice: ‘Cómo era
bella, penetrante, suave, melodiosa, ¿cómo no amarlo?’ O bien si ha sido una mirada o palabra
majestuosa, fulgurante de luz, dice: ‘Qué majestad, qué grandeza, qué luz tan penetrante, cómo
me siento pequeña, cómo soy miserable, cuántas tinieblas en mí ante esa luz tan fulgurante’. Si