te quisiera decir la potencia, la gracia, el bien que lleva mi palabra o mirada, cuántos libros te
haría escribir. Ahora, mira entonces cuántos bienes te he hecho al mirarte tantas veces, en
tenerte Conmigo en familiares conversaciones, no han sido sólo palabras, sino discursos
completos, por esto puedes comprender que las uniones entre tú y Yo, las relaciones, los
vínculos, las estrechuras, son innumerables. Yo he hecho contigo como un maestro, que con
otros que quieren alguna indicación les dice sólo algunas palabras, pero con sus propios
discípulos, queriendo hacer de ellos otros tantos maestros semejantes a él, se está con ellos
todo el día, habla largamente, está siempre sobre ellos y ahora desarrolla un argumento, ahora
una semejanza para hacerse comprender más, no los deja jamás solos por temor de que
distrayéndose, hagan que el viento se lleve sus fatigas, y si es necesario quita horas a su reposo
para educarlos; no ahorra nada, ni fatigas, ni cansancios, ni sudores para obtener su propósito,
que sus discípulos se vuelvan maestros. Así he hecho Yo contigo, nada he ahorrado, con los
demás he tenido sólo algunas palabras, contigo discursos, largas lecciones, semejanzas, de
noche, de día, a todas horas. ¿Cuántas gracias no te he hecho? ¿Cuánto amor, hasta no saber
estar sin ti? Es grande el designio que he hecho sobre ti, por eso mucho te he dado; ahora, tú
en agradecimiento quisieras tener oculto en ti lo que te he dicho y dado, y por lo tanto no darme
la gloria que con manifestarlo Yo habría tenido. ¿Qué dirías tú de un discípulo que después de
que el maestro ha llegado con tantas fatigas a hacerlo maestro, quisiera retener en sí la
instrucción recibida, sin impartirla a los demás? ¿No sería un ingrato, y un dolor para el maestro?
¿Qué dirías del sol, que después de que le he dado tanta luz y calor no quisiera hacer descender
esta luz y calor sobre la tierra? ¿No le dirías al sol: ‘Es cierto que eres bello, pero no haces
bien en tenerla para ti, la tierra, las plantas, las generaciones humanas esperan tu luz, tu calor,
los quieren para recibir la vida, la fecundidad; ¿por qué quieres privarnos de tanto bien? Mucho
más que con dárnoslas nada pierdes, al contrario, adquieres mayor gloria y todos te bendecirán”.
Tal eres tú, es más, más que sol, he puesto en ti tanta luz de verdad sobre mi Voluntad, que
sería bastante más que sol para iluminar a todos y para hacer más bien que cuanto hace el sol
a la tierra, y Yo y las generaciones esperamos que salga de ti esta luz, y tú piensas en cómo
ocultarla y casi te afliges si personas autorizadas quieren ocuparse de hacerla salir. No, no, no
está bien”.
(3) Yo me sentía morir al oír a mi dulce Jesús, y mucho más me sentía culpable porque en
estos días, habiéndose llevado un escrito mío, no han conseguido el intento que se proponían
de hacerlo salir fuera, y yo he sentido una gran satisfacción por eso. ¡Oh! cómo me sentía mal
al oírme reprender tan duramente, y de corazón le pedía perdón. Y Jesús para tranquilizarme
me ha bendecido diciéndome:
(4) “Te perdono y te bendigo, pero serás más atenta y no lo harás más”.
Deo Gratias.
Nihil obstat
Canonico Hanibale
M. Di Francia
Eccl.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926