la santidad de mi Voluntad con otros tantos actos divinos, pero se necesitaba alguien para hacer
esto, y he aquí a mi Humanidad santa, libre también Ella, que no queriendo otra vida que la sola
Voluntad Divina, nadando en este mar inmenso iba duplicando cada pensamiento, palabra y
obra de criatura, y extendía sobre todo un acto de Voluntad Divina, y esto daba satisfacción y
glorificaba al Padre Divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del Cielo,
y Yo anudaba con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse
de la Voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas desgracias. No
estuve contento sólo con esto, sino que quise que mi Mamá, también santa, me siguiera en el
mar inmenso del Querer Supremo y junto Conmigo duplicara todos los actos humanos, poniendo
en ellos el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi Voluntad sobre todos los
actos de las criaturas. Cómo me era dulce la compañía de mi inseparable Mamá en mi Voluntad;
la compañía en el obrar hace surgir la felicidad, la complacencia, el amor de ternura, la
competencia, el acuerdo, el heroísmo; en cambio el aislamiento produce lo contrario. Entonces,
conforme obraba junto con mi amada Mamá, así surgían mares de felicidad, de complacencia
de ambas partes, mares de amor que haciendo competencia, uno se arrojaba en el otro, y
producían gran heroísmo. Y no para Nosotros solos surgían estos mares, sino también para
quien nos habría hecho compañía en nuestra Voluntad; es más, podría decir que estos mares
se convertían en tantas voces que llamaban al hombre a vivir en nuestro Querer, para restituirle
la felicidad, su naturaleza primera, y todos los bienes que había perdido con sustraerse de
nuestra Voluntad. Ahora vengo a ti, después de mi Madre Celestial te llamé a ti para hacer que
todos los actos humanos tengan el primer sello hecho por Mí, el segundo hecho por mi Mamá,
y el tercero por una criatura de la estirpe común, mi eterno amor no estaría contento si no hubiera
elevado a una de la estirpe común, la cual debía abrir las puertas a quien se dispusiera a entrar
por ellas para vivir en nuestro Querer; he aquí el por qué de mis tantas manifestaciones, los
tantos valores y efectos que te he hecho conocer de mi Voluntad, estos serán imanes potentes
para atraerte a ti, y después a los demás a vivir en Ella; pero para entrar en nuestra Voluntad y
seguir el sublime vuelo de mis actos y los de mi indivisible Mamá, siendo tú de la estirpe común,
no habrías podido entrar en nuestro Querer si no tuvieras, o al menos hubieras sido
transformada en la naturaleza que salió de mis manos antes de que el hombre se sustrajera de
nuestro Querer; esta es la razón de mis tantas gracias, para reducir tu naturaleza, tu alma, a
aquel primer estado; conforme te iba dando esas gracias así te quitaba los gérmenes, las
tendencias, las pasiones de la naturaleza rebelde, dejando siempre libre tu voluntad. Era
necesario para mi decoro, santidad y dignidad, que debiéndote llamar al centro de mi Querer
para hacer ahí vida común, para hacerte recorrer todos los actos hechos por Mí y que las
criaturas no han conocido aún, reducir tu naturaleza a este estado feliz, de otra manera no
habrías podido correr Conmigo en los interminables actos de mi Querer, ni estar Conmigo con
la familiaridad que se necesita para obrar juntos. Las pasiones, los gérmenes de las tendencias
no buenas, hubieran sido como tantas barreras de división entre tú y Yo, a lo más habrías estado
a las órdenes de mi Querer, como tantos otros fieles míos, pero hacer lo que hice Yo, habrías
estado muy lejana, y ni tú ni Yo hubiéramos sido felices, mientras que el vivir en mi Querer es
propiamente esto, vivir plenamente feliz en la tierra, para después pasar a vivir más feliz en el
Cielo. Por eso te digo, verdadera hija de mi Querer, primer parto feliz de mi Voluntad, seme
atenta y fiel, ven en mi Eterno Querer, te esperan mis actos que quieren el sello de los tuyos, te
esperan los actos de mi Mamá, te espera todo el Cielo porque quieren ver todos sus actos
glorificados en mi Voluntad por una criatura de la estirpe de ellos, te esperan las presentes y las
futuras generaciones, para que les sea restituida la felicidad perdida. ¡Ah! no, no, no terminarán
las generaciones si no regresa el hombre a mi seno, bello, dominante, como salió de mis manos
creadoras, no estoy contento con haberlo redimido; aun a costa de esperar, tendré paciencia
todavía, pero debe regresar a Mí tal como lo hice, en virtud de mi Voluntad. Con hacer su
voluntad descendió en el abismo y se transformó en feo; con hacer mi Voluntad subirá y adquirirá