14-72
Noviembre 8, 1922
La paz sin Dios es imposible. Amenaza de guerras.
(1) Paso días amargos por las privaciones de mi dulce Jesús, y si se hace ver es tan afligido
y taciturno, que por cuantas cosas le pueda decir no logro consolarlo, y por ello quedo más
amargada que antes. Entonces esta mañana al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, las penas, las ofensas que me hacen las criaturas son tantas que ya no puedo
más; las naciones se unen para hacer nuevas guerras, no te decía que las guerras no habían
terminado y que la paz era una paz falsa y aparente, porque la paz sin Dios es imposible, era
paz que no salía de la justicia, por eso no podía durar. ¡Ah! los gobernantes de estos tiempos
son verdaderos demonios encarnados que se unen para hacer el mal y poner en los pueblos el
desorden, el caos, las guerras”.
(3) Y mientras esto decía, se escuchaba el llanto de las madres, el retumbar de los cañones,
las alarmas en todos los países; pero espero que Jesús quiera aplacarse, y así quedarán todos
en paz.
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14-73
Noviembre 11, 1922
Jesús dio vida en la Divina Voluntad a los actos de todas las
criaturas; en esta obra asoció a su Madre Santísima, y ahora
llama al alma para repetirlo.
(1) Mi siempre amable Jesús al venir me ha atraído a Él, dentro de una luz inmensa y me ha
dicho:
(2) “Pequeña hija de mi Querer, esta luz inmensa que ves es mi Suprema Voluntad, de la cual
nada escapa. Tú debes saber que al crear el cielo, el sol, las estrellas, etc., a todo le fijé sus
límites, su lugar, su número, no pueden crecer ni decrecer, todas las cosas las tengo como en
un puño. Así al crear al hombre, al mismo tiempo creé todas las inteligencias y cada uno de los
pensamientos, todas las palabras, las obras, los pasos y todo lo demás del hombre, desde el
primero hasta el último que deberá existir, y esto era connatural en Mí, mucho más que Yo
mismo debía ser actor y espectador hasta de un pensamiento, y si el hombre no lo podía hacer
sin Mí, ¿cómo no debía Yo saberlo y conocer hasta el número? Así que en mi Voluntad nada
todo el obrar de las criaturas, como los peces nadan dentro de un vasto mar. Pero habiendo
creado al hombre no esclavo sino libre, porque no era decoroso para Mí, ni obra digna salida de
mis manos, si hiciera salir a este hombre atado, sin libertad, ni podría decir hagámoslo a nuestra
imagen y semejanza si no lo hacía libre, quería dotarlo con la libertad. Yo era libre, libre también
él, pues no hay cosa que más torture a una persona que dar un amor forzado, y causa
desconfianza, sospechas, temores y casi asco en quien lo recibe. Ve dónde tiene origen cada
acto de criatura, aun un pensamiento, en la santidad de mi Voluntad, con esta diferencia, que si
el hombre quiere, ese pensamiento, palabra, etc., puede hacerlo bien o mal, santo o perverso.
Ahora, mi Voluntad tuvo un dolor al ver en tantos cambiados sus actos, de los cuales era actora,
en actos mortales para Mí y para ellos, por eso quise que mi Voluntad haciéndose doblemente
actora de cada acto, extendiera sobre todos otro acto divino, que debía corresponderme según
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