todas partes salen gentes para concurrir juntas y dar el asalto, y lo que es peor es que vienen
bajo vestidos de corderos, mientras que son lobos rapaces que quieren devorar la presa; qué
uniones diabólicas, se unen para tener más fuerza y dar el asalto. Reza, reza, es el último
precipicio de estos tiempos en el cual la criatura quiere precipitarse”.
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14-70
Octubre 30, 1922
Los prodigios de la criatura obrante en el Querer Divino.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús ha venido, y sumergiéndome
en la luz inmensa de su Santísima Voluntad me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira los prodigios de la criatura obrante en mi Voluntad, en cuanto entra en mi
Querer y piensa, reza, obra, así se eleva Conmigo, y así como Yo soy voz sin palabra, y por eso
mi voz se forma y llega a cada corazón según sus propias necesidades, y en tan diversas
lenguas y modos que hay en las criaturas, de modo que todos me pueden comprender; soy obra
sin manos, y por eso soy obra de cada uno; soy paso sin pies, de manera que a todas partes
llego y me encuentro en acto, así el alma obrando en mi Querer llega a ser voz sin palabra, obra
sin manos, paso sin pies, y Yo me la siento correr en mi voz, en mis obras y en mis pasos, en
todas partes me la siento, y Yo, sintiéndola siempre junto Conmigo, no me siento más solo, y
como amo tanto la compañía de la criatura, loco de amor hacia ella la divinizo, la enriquezco y
le doy tales gracias de hacer maravillar Cielo y tierra”.
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14-71
Noviembre 6, 1922
La Voluntad de Dios cristaliza al alma.
El conocimiento del Palacio de la Divina Voluntad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se ha hecho ver y tenía
entre sus brazos a muchos pequeños corderitos, uno apoyado sobre su pecho, otro en los
hombros, otro estrechado a su cuello, uno a la derecha y uno a la izquierda de sus brazos,
algunos sacaban su cabecita de dentro de su corazón, pero los pies de todos estos corderitos
estaban todos en el corazón de Nuestro Señor, y el alimento que les daba era su aliento; estaban
todos con su boca dirigida hacia la boca de mi dulce Jesús para recibir su aliento para
alimentarse. Era bello ver como Jesús tomaba sumo deleite, todo atento a nutrirlos y hacerse
feliz junto con ellos; parecían tantos partos salidos de su corazón santísimo. Entonces
dirigiéndose a mí me ha dicho:
(2) “Hija mía, estos corderitos que tú ves en mis brazos son los hijos de mi Voluntad, parto
legítimo de mi Querer Supremo; saldrán de dentro de mi corazón, pero sus pies quedarán en el
centro de mi corazón para hacer que nada tomen de la tierra, de nada se ocupen sino de sólo
de Mí. Míralos cómo son bellos, cómo crecen limpios, nutridos, alimentados sólo con mi aliento;
serán la gloria, la corona de mi Creación”.
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