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Octubre 27, 1922
La Divina Voluntad: Herencia de Jesús
a las criaturas. Las dos generaciones.
(1) Estaba pensando entre mí en todo lo que he escrito en estos días pasados y decía:
“¿Cómo es posible que mi dulce Jesús haya esperado tanto tiempo para hacer conocer todo lo
que obraba su Humanidad en la Divina Voluntad por amor de las criaturas?” Pero mientras esto
pensaba, mi siempre amable Jesús haciéndose ver con su corazón abierto me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, ¿por qué piensas eso? Esto sucedió también en la Creación, ¿cuánto
tiempo no la tuve en mi seno realmente formada? Y cuando a Mí me pareció bien la puse fuera;
y la misma Redención, ¿cuánto más no la tuve en Mí? Podría decir que ‘ab eterno’, sin embargo
esperé mucho tiempo para descender del Cielo y darle cumplimiento. Es mi costumbre en mis
obras, primero las fecundo, las formo en Mí, y a tiempo propicio las pongo fuera, es más, tú
debes saber que mi Humanidad contenía en Sí dos generaciones, los hijos de las tinieblas y los
hijos de la luz. A los primeros venía a rescatarlos, y por eso pagué con mi sangre para ponerlos
a salvo. Mi Humanidad era santa, y nada heredó de las miserias del primer hombre, y si bien
era semejante en las facciones naturales, pero era intangible de cualquier mínimo defectillo que
pudiera ensombrecer mi santidad; mi herencia fue sólo la Voluntad de mi Padre, en la cual debía
desarrollar todos mis actos humanos para formar en Mí la generación de los hijos de la luz. Mira,
esta generación me fue dado el formarla propiamente en el regazo de la Voluntad de mi Padre
Celestial, y Yo no ahorré ni fatigas, ni actos, ni penas, ni oraciones, más bien estaba en la cima
de todas las cosas que hacía y sufría, de manera que la concebí en Mí, la fecundé y la formé;
eran propiamente ellos, los que el Divino Padre con tanto amor me había confiado, era mi
herencia predilecta que me fue dada en la Santísima Voluntad Suprema. Ahora, después de
haber conocido los bienes de la Redención, como quiero a todos salvados, dándoles todos los
medios que se necesitan, paso a hacer conocer que en Mí hay otra generación que debo hacer
salir, mis hijos que deben vivir en el Divino Querer, y que en mi mismo corazón tengo preparadas
todas las gracias, todos mis actos internos hechos en el ámbito de la Voluntad Eterna para ellos,
y éstos esperan el beso de sus actos, su unión, para darles la herencia de la Voluntad Suprema,
y como la recibí Yo, quiero darla a ellos para hacer salir de Mí la segunda generación, la de los
hijos de la luz. Si mi Humanidad no diera esta herencia que poseía, es decir la Divina Voluntad,
la sola y única cosa que Yo amaba y que me daba todo el bien, habría sido incompleto mi
descendimiento a la tierra, no podría decir que he dado todo, más bien habría reservado para
Mí la cosa más grande, la parte más noble y divina. Ves ahora cómo es necesario que mi Querer
sea conocido en todas sus relaciones, en los prodigios, en los efectos, en el valor, lo que hice
Yo en este Querer para las criaturas, lo que deben hacer ellas; y esto será un potente imán para
atraer a las criaturas para hacerlas recibir la herencia de mi Querer, y hacer salir en campo la
generación de los hijos de la luz. Sé atenta hija mía, tú serás el portavoz, la trompeta para
llamarlos y reunir esta generación tan predilecta y tan suspirada por Mí”.
(3) Después, habiéndose retirado, ha regresado de nuevo todo afligido, tanto que movía a
piedad, y se ha arrojado en mis brazos como para encontrar reposo, y yo al verlo le he dicho:
“¿Qué tienes Jesús que estás tan afligido?”
(4) Y Jesús: “Ah, hija mía, tú no sabes nada de lo que quieren hacer, quieren jugarse Roma,
se la quieren jugar los extranjeros, los mismos italianos son tales y tantas las infamias que harán,
que sería menor mal si la tierra hiciera salir fuego para incinerarla, que lo que harán. Mira, por
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