Octubre 9, 1922
La voluntad humana obrante en la Divina.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús viene todo ternura, me estrecha
entre sus brazos, me besa y me dice quién sabe cuántas veces:
(2) “La hija mía, la hija de mi Voluntad, cómo me eres querida. Escucha, en cuanto tu querer
entra en Mí, se vacía de ti y el mío entra obrante en ti, y en cuanto obra el mío, el tuyo recibe la
fuerza de la potencia creadora y queda obrante en Mí, y como Yo soy un punto solo, que
contengo todo, abrazo todo, hago todo, veo tu querer obrante en Mí con mi potencia creadora
que quiere darme todo, corresponderme por todos, y con sumo contento mío lo veo ante Mí
desde el primer instante en el que hice salir la Creación, y dejando atrás a todos se pone delante
a todos como si fueras la primera creada por Mí, en la cual no existe ninguna ruptura de voluntad
entre tú y Yo, tal como habría querido al primer hombre, y me da el honor, la gloria, el amor,
como si la Creación no hubiera salido de mi Voluntad. ¡Qué gusto, qué contento siento! Tú no
puedes comprenderlo, el orden de la Creación me viene restituido, las armonías, las alegrías se
unen. Veo esta voluntad humana obrante en Mí en la luz del sol, sobre las olas del mar, en el
centelleo de las estrellas, sobre todo, y me da la gloria de todos los bienes que estas cosas
creadas dan al hombre. ¡Qué felicidad! Me semeja en todo, con esta diferencia, que Yo soy un
punto solo, y tú poco a poco, conforme obras, piensas, hablas, amas en mi Querer, así tomas
más lugar y en él formas partos divinos”.
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14-67
Octubre 19, 1922
Por cuantos efectos y valores se conocen, tanto más se recibe del Querer
Divino. Espera de Jesús por tantos siglos para hacer conocer su Querer.
(1) Continúo estando toda abandonada en los brazos de mi dulce Jesús, me sentía toda
inmersa en su Santísimo Querer, en el cual me encontraba como en el centro. Entonces al venir
Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Humanidad vivía como en el centro del Sol Eterno de mi Voluntad Divina, y
de este centro partían rayos que llevando con ellos mi inmensidad envolvían todo y a todos, y
mi obrar, partiendo de este centro se encontraba como en acto por cada acto de criatura, cada
palabra como en acto por cada palabra, cada pensamiento como en acto por cada pensamiento,
y así de todo lo demás, y conforme descendía, como un solo acto volvía a subir a su centro,
llevando consigo todos los actos humanos para rehacerlos, para reordenarlos según como
quería mi Padre, así que sólo porque mi Humanidad vivía en el centro del Querer Eterno pudo
abrazar a todos como un acto solo, para cumplir con decoro y digna de Mí la obra de la
Redención, de otra manera habría sido una obra incompleta y no digna de Mí. Y así como la
ruptura de la voluntad humana con la Divina fue todo el mal del hombre, así la unión estable de
la voluntad de mi Humanidad con la Divina debía formar todo su bien, y esto sucedía en Mí como
connaturalmente. Mira el sol, ¿qué cosa es? Es un globo de luz, y esta luz la difunde igualmente
a derecha, a izquierda, adelante, atrás, arriba, abajo, por doquier; la luz de tantos siglos atrás
es la de hoy, nada ha cambiado, ni luz, ni calor, y la luz de hoy será la del fin de los siglos; si
tuviera razón podría decir todos los actos humanos, es más, los tendría en sí como propiedad
suya, habiendo sido él vida, efecto y causa de cada acto, y esto como cosa connatural para él.
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