(3) Y mientras esto decía, la persona de Jesús se multiplicaba, así que veía a Jesús a la
derecha, Jesús a la izquierda, Jesús en el corazón, no había parte de mí, o lugar en el que no
veía a Jesús, y todos juntos decían: Te amo, te amo, pero esto era nada, conteniendo Jesús la
potencia creadora, todo lo creado repetía junto: Te amo. Cielo y tierra, viadores y
bienaventurados, todos juntos a coro, como si fuera un solo eco repetían: Te amo con el amor
con el que te ama Jesús. Yo he quedado confundida ante tanto amor.
(4) Y Jesús ha agregado: “Di, repite que tú me amas más, multiplícate tú para darme tanto
amor por cuanto te doy Yo”.
(5) Y yo: “Mi Jesús, perdóname, yo no sé multiplicarme, no poseo la potencia creadora, por
tanto no tengo nada en mi poder, ¿cómo puedo darte tanto amor como me das Tú? Lo sé
también yo, que mi amor es una sombra en comparación al tuyo, pero el dolor de tu privación
me hace delirar y me hace decir locuras, por eso no me dejes más sola sin Ti si no quieres que
diga disparates”. Y Jesús interrumpiéndome ha agregado:
(6) “¡Ah! hija mía, tú no sabes en qué conflicto me encuentro, mi amor me empuja, llega hasta
hacerme violencia para hacerme venir; mi justicia casi me lo prohíbe, porque el hombre está por
llegar a los excesos del mal, y no merece la misericordia que sobre ellos corre cuando vengo y
te participo mis penas que ellos mismos me infligen. Debes saber que los gobernantes de las
naciones están tramando cómo destruir los pueblos y maquinar desgracias para mi Iglesia, y
para obtener lo que se proponen quieren servirse de la ayuda de potencias extranjeras. El
momento en que se encuentra el mundo es terrible, por eso ruega y ten paciencia”.
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14-64
Octubre 3, 1922
Necesidad de que la Virgen estuviera al día de las penas internas de Jesús
(1) Continuando mi habitual estado, me sentía oprimida porque el bendito Jesús
frecuentemente permite que yo sufra mientras está presente el confesor, y me lamentaba con
Él diciéndole: “Amor mío, te pido, te suplico, no permitas más que sufra en presencia de alguien,
haz que todo pase entre Tú y yo, y que únicamente Tú conozcas mis penas. ¡Ah! conténtame,
dame tu palabra de que no lo harás más, es más, hazme sufrir el doble, estaré contenta con tal
de que todo quede oculto entre Tú y yo”. Y Jesús interrumpiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, no te abatas, cuando mi Voluntad lo quiere, también tú debes ceder, y además,
esto no es otra cosa que un paso de mi Vida. Mi misma Vida oculta, mis penas internas y todo
lo que hice, tuvieron siempre al menos uno o dos espectadores, y esto con razón, por necesidad
y para obtener la finalidad de mis mismas penas. El primer espectador fue mi Padre Celestial,
a quien nada podía escaparle siendo Él mismo el que me infligía las penas, era actor y
espectador; si mi Padre no hubiera visto ni hubiera sabido nada, ¿cómo podía darle satisfacción,
darle la gloria, e inclinarlo ante la vista de mis penas a misericordia para el género humano?
Entonces la finalidad no se hubiera logrado. En segundo lugar mi Mamá fue espectadora de
todas las penas de mi Vida oculta, y esto era necesario, pues si Yo había venido del Cielo a la
tierra para sufrir, no para Mí sino para bien de los demás, debía tener por lo menos a una criatura
en la cual debía apoyar aquel bien que contenían mis penas, y así mover a mi amada Mamá a
agradecerme, a alabarme, a amarme, a bendecirme, y a hacerla admirar el exceso de mi
bondad, tanto que Ella, conmovida y raptada ante la vista de mis penas, me rogaba que en vista
del gran bien que le llevaban mis penas, no la eximiera de fundirse con mis mismas penas para